Amanecer – Por Rocío G. G.

Despertó. Deslizó su mano bajo las sábanas de satén, palpó la silueta humedecida por el sudor frío que cubría aquel desnutrido cuerpo.

Respiró tranquilizado, descendió por el lateral de la cama tratando de no moverla demasiado.

Se dirigió sigiloso hacia el aseo, remojó su rostro en agua tibia en un nuevo intento de aferrarse a su presente, contempló su reflejo cansado, sus ya muy oscurecidas ojeras, más definidas y marcadas de lo habitual. Dejó yacer su pensamiento en esos días en los que el miedo, la soledad y el sufrimiento se convirtieron en las visitas menos deseadas y más persistentes.

Regresó de puntillas donde aún dormía su amada, volvió a admirar el ocaso de su belleza, acarició con sus dedos el desierto de su pelo con las pocas canas plateadas que habían sobrevivido a su enfermedad.

En ese instante, tras un esfuerzo sobrenatural, ella parpadeó y después de varios intentos consiguió mantener su mirada cristalizada bajo la de su acompañante en la vida.

Consiguió balbucear con palabras temblorosas lo que él cada mañana deseaba escuchar y no se sentía capaz de preguntar por si algún día no obtenía respuesta.

Estoy aquí amor, sigo contigo, podremos disfrutar de un nuevo amanecer’

 

Rocío G. G.

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