Música en la cárcer, una experiencia sin igual – Por Alfredo

Incluida en la Semana Cultural celebrada en la Navidad 2014-2015 nos visitó en el Centro Penitenciario de Albolote la Banda Municipal de La Zubia, que nos ofreció un concierto en la mañana del domingo 21 de diciembre.

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Es muy difícil para cualquier persona que no haya sufrido la amarga experiencia de perder su libertad y de ser condenado a una pena de prisión, el entender la dimensión del regalo que nos hizo la Banda de Música de La Zubia, con el concierto que nos ofrecieron esta pasada Navidad.

La música es cultura, cultura con mayúsculas, y la cultura es el máximo exponente de vivir la libertad.

Este concierto y la forma de sentirlo por los presos censuran los estereotipos e imágenes preconcebidas sobre el perfil de la población reclusa/penitenciaria. Hoy, en España, las cárceles son un reflejo de nuestra realidad social. Podemos usar la expresión de “hay de todo”, y ese todo incluye todos los estratos sociales, culturales y económicos, pero desde esas diferencias, a todos nos une la calidad, la profesionalidad y la atracción y el descubrimiento de un tipo de cultura que viene envuelto en música.

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Comenzado el concierto, desde la llamativa imagen de todos los instrumentos y la gravedad de los músicos ya concentrados y conscientes del próximo ejercicio interpretativo, se generó un silencio expectante producto de esa imagen de banda de música profesional, y que continuó con la sorpresa del sonido limpio y envolvente que todo lo llenó, espacio, vidas y pensamientos.

Silencio, sorpresa, música y su magia hipnotizadora. Reseñable la reacción del auditorio: primero el silencio, seguido de una atención casi infantil ante la magia de unas piezas interpretadas con una insospechada riqueza de matices.

Calidad y variedad de estilos en las piezas ofrecidas, desde pasodobles y marchas, hasta composiciones que exigían un oído desarrollado como la música descriptiva de La Bruja y la Santa, la banda sonora de Piratas del Caribe y un mix de villancicos que nos recordaron que la Navidad también puede ser arte.

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A todos los músicos de la Banda de La Zubia felicitaciones y nuestro profundo agradecimiento a ese esfuerzo diario y exigente del ensayo en común, a la práctica individual, suma de razones que explican la calidad de su concierto. Músicos dirigidos por Trinidad Montes, su directora, ejemplo de dedicación y amor a su labor y con la fortaleza otorgada por quince años de trabajo bien hecho. Gracias a vosotros maduramos un poquito más y pudimos reencontrarnos con nuestra condición más humana: la alegría ante la belleza.

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Desde el más profundo y sincero agradecimiento queremos pediros que volváis, que os declaramos culpables de traficar con nuestros sentimientos y hacernos un poquito felices y os condenamos a volver para regalarnos de nuevo vuestro arte.

Alfredo

Trinidad Montes, directora de la banda nos comentó:

Las primeras palabras que oímos relacionadas con la experiencia que vivimos en la cárcel y que cambió nuestra forma de ver la situación de los presos venían de nuestra directora:

Nos han propuesto ir a tocar a la cárcel’.

Las reacciones tardaron en aparecer. La idea había que digerirla. ¿A la cárcel? Unos creyeron que era una broma, otros ni creían que esa actividad se pudiera realizar y todos quedamos atónitos.

Alguien rompió el hielo: ‘Sí, claro, para que me dejen allí’.

Como banda de música hemos hecho numerosas actuaciones, a las que podríamos calificar como originales: subidos en un camión en una improvisada plaza de toros en un campo de fútbol, en manifestaciones con miles de personas, en batallas entre moros y cristianos, y hasta en el continente africano cuando fuimos a tocar a Ceuta en su Semana Santa.

Sin embargo, visitar la cárcel para dar un concierto era algo muy novedoso ya que nunca habíamos escuchado que se hiciese normalmente o que formara parte de la trayectoria de otras bandas. Nos surgían tantas preguntas, que darles respuesta sería lo más interesante de esta experiencia. Conoceríamos la situación de los que están privados de libertad, el lugar donde cumplen su condena, su día a día y compartiríamos con ellos/as nuestra música. Íbamos a darnos cuenta de cómo nuestra afición iba a unir dos mundos diferentes y de cómo la música aliviaría por un instante la monotonía de su rutina diaria.

Ya sólo nos quedaba ensayar, aunque todo se complicó al saber que los menores de edad no podrían asistir. Nos faltarían voces de instrumentos y casi la mitad de nuestros componentes. Sin embargo, una de nuestras características es la profesionalidad de muchos de nuestros músicos que, gracias a su formación, supieron solventar estos impedimentos.

La selección de las obras musicales también supuso una decisión que entre todos acordamos. Queríamos llevar un amplio abanico de géneros, música de todo tipo, aunque no fuese muy conocida porque así mostraríamos la mejor representación de nuestro repertorio.

Y llegó el día que todos esperábamos. El 21 de diciembre nos metía en la Navidad de pleno y esto también sobrecogía el corazón. Claramente, las fechas eran quizá las menos apropiadas para estar allí. Fue cruzar las puertas y notar que ya vivíamos otra realidad. Una realidad que se hacía más dura cada vez que, para pasar de una dependencia a otra, la siguiente puerta no se abría si la anterior no estaba cerrada. El sonido de las rejas, las advertencias de los funcionarios, los continuos registros y hasta el frío de la cárcel…que es verdadero, pero que sólo notas cuando estás dentro. Muchas cosas inesperadas llamaban nuestra atención. Todo parecía como si fuera una ciudad, con sus calles y sus plazas, el pabellón deportivo y la enfermería. Los pasillos de los edificios no tenían por qué envidiar a los colegios o institutos, decorados por Navidad con un Belén y otros adornos que colgaban de columnas y paredes. También se mostraban trabajos, pinturas, obras ganadoras de concursos literarios e incluso vimos ejemplares de una revista propia. Todo esto era señal de una gran inquietud cultural y artística y nosotros íbamos a aportar un granito de arena para completar todas estas actividades con nuestra música.

¡Qué buena la impresión que nos dio el escenario con aquel árbol de Navidad hecho de libros! Desde arriba veríamos todo el público. Había muchos asientos, una fila detrás de otra divididas en dos zonas por un pasillo central. De repente, las luces se apagaron y, desde arriba, no podía verse bien quiénes entraban pero, eran ellos y ellas, los destinatarios de nuestro concierto.

A partir de ahí, todo fue una serie de sentimientos inesperados. El pasillo central, en verdad, dividía al público en dos zonas: la femenina y la masculina. No parecía que hubiera mucho permiso para que pudieran intercambiar palabras pero en alguna pareja sí que se llamaban la atención el uno al otro. Se oyeron risas, alboroto, pero nada lejano a lo que le pasa a cualquier público que espera impaciente que comience la función. Y en cuanto nos presentaron, comenzamos no sin antes escuchar el primer aplauso. Un aplauso muy diferente a los que habíamos escuchado anteriormente. Era un aplauso con ganas, lleno de interés por lo que iba a ocurrir. Si nos impactó el primer aplauso, imaginad como fueron los siguientes… Sólo digo que todos fueron aumentando en fuerza, en sentimiento, en sinceridad y en gusto por lo que hacíamos.

Nunca antes había oído un ¡olé! tan expresivo cada vez que sonaba un solo de la trompeta o del saxofón, como el auditorio se quedaba callado ante el suave sonido de la flauta o el clarinete y como pedían que el concierto continuase. Era una atención que nunca habíamos visto anteriormente, se notaban que estaban disfrutando, que algo así no lo veían todos los días. Todos llegamos a la conclusión de que nunca habíamos disfrutado de un público tan agradecido, tras cada obra finalizada nos entregábamos más en la interpretación de la siguiente debido a la motivación que causaban sus aplausos en nosotros, llenos de gratitud. El vello se nos erizaba por todo esto y, a veces, era mejor no pensar, porque entre las mujeres y entre los hombres podías ver personas que guardaban la misma figura de tus hermanos, de tu padre o de tu madre. Personas que estaban cumpliendo por un error o porque a veces la vida no se nos presenta a todos con las mismas oportunidades, y las dificultades ponen a prueba nuestro valor.

A la hora de despedirnos, fue tan grata la experiencia que era obligado afirmar que esta experiencia tendría que repetirse y que podrían contar con nosotros el próximo año. Reímos mucho cuando, de entre el público, se oyó:

¡Eh, vaya, que yo a lo mejor no sé si estaré aquí el año que viene¡’.

Y después de más aplausos y reconocimientos, un interno nos ofreció un precioso y original obsequio de cristal pintado a mano de agradecimiento y, finalmente, sentenció:

Y como ya sabéis: los hombres primero’.

Y automáticamente la zona masculina se levantó y se dispuso a salir del salón de actos. De pronto, un hombre se acercó a una mujer, le dio la mano y la besó. Antes de que las mujeres salieran, los músicos bajamos del escenario y una de ellas, se acercó y nos dijo:

Gracias, no sabéis lo que esto significa para nosotros’.

Cuando todos los internos habían salido, nos fotografiamos y compartimos unas palabras con los funcionarios. Nos transmitieron su gratitud y, sobre todo, su sorpresa. Normalmente, no aguantaban tanto tiempo de concierto, que siempre buscan la excusa para ir al servicio y que realmente no están obligados a permanecer allí. Si habían aguantado, sólo era porque les había gustado. Incluso, alguien del público comentó:

Mucho mejor que un concierto de rock’.

Así acabamos, todos quedamos con un buen sabor de boca y todo gracias a la música.

Pero no acabó allí la experiencia ni las emociones aquel día, porque al pasar un par de días, tuvimos la gran fortuna de escuchar un cedé grabado por Alboband un grupo de internos: su voz y su arte eran para nosotros un lujo y, mucho más poder estar disfrutando gracias a esa grabación que nos ofrecieron. Sin embargo, a la misma vez, se hacía bastante triste pensar que, por lo pronto, debido a las circunstancias, no muchas más personas podían disfrutar de su valía. Por ello, ahora en nuestro pensamiento está el deseo de poder hacer alguna actividad musical junto a ellos. Así que, con esto y desde aquí, sólo os podemos decir: ‘¡Hasta pronto!’

José Antonio Reyes Guindo (componente de la banda de música)

María Trinidad Montes Martín (Directora y profesora de música)

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