Al fin la luz – Por Mª Nieves

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La vida a veces nos lleva por caminos y lugares, por los que nunca imaginamos siquiera que pasaríamos, y ya ves, aquí estoy, o mejor dicho, estamos. Tengo que confesar que cuando ingresé en prisión el miedo, la incertidumbre, la impotencia, invadieron mi ser por completo. Después comprendí que debía adaptarme, integrarme, aceptar lo que estaba ocurriendo.

Creo que esto que acabo de describir es algo por lo que muchos de nosotros hemos pasado, cuando por una razón u otra vinimos a parar con nuestros huesos por estos lares.

Al principio todos creemos que es una pesadilla, “que no puede ser” que pronto nos despertaremos, esperamos que un milagro suceda, y todo quede en un mal recuerdo. Con el tiempo lo asumimos, unos mejor que otros, pero todos con la mirada puesta en el final del túnel, en ver la salida. Intentamos no pensar, vivir el día a día lo mejor que sabemos. A veces nuestro cielo se vuelve totalmente negro, gris, lluvioso y triste, no vemos la luz, desesperamos, aunque seguimos luchando por salir a flote, en nuestro mar de incertidumbres, dudas y problemas. Tenemos la certeza de que terminará un día, que no es para siempre, y alimentamos la esperanza de que el cielo, los dioses o como queramos llamarlo, muevan los hilos para que este momento sea lo más cercano posible, rezamos con una fe inquebrantable que sólo te la puede dar la misma desesperación.

Nuestro objetivo primordial es que el Centro, la Junta de Tratamiento, o el Sr Juez de Vigilancia nos concedan ese voto de confianza, y nos permitan disfrutar de unos días de libertad con el compromiso por nuestra parte de volver en el plazo estipulado. Fijamos nuestras esperanzas en que se decidan a confiar en nosotros. Y de allí en adelante, de nuestra forma de disfrutarlo, y nuestro comportamiento dependerá que conservemos esa confianza que depositaron en nosotros.

De pronto un día “al fin la luz”. Llega tu primer permiso, recibes un soplo de aire fresco, de libertad, de sentir que tienes un pie fuera; entonces empiezas a recordar por todo lo que has pasado por esos momentos, dolorosos, tristes, también los momentos agradables, pues aunque parezca paradójico, los hubo. Llegado este momento sientes como un niño en su primer día de clase, todo te parece nuevo, el sol es más brillante, la vida ciega tus ojos, pues la luz de la libertad es tan poderosa que te llena de energía.

Aún conservo esas imágenes en mi retina, son muy recientes: la mirada de mis hijos, de mi familia y amigos, su calor, su felicidad en el reencuentro. Lo hemos esperado largo tiempo, y no fue fácil el camino recorrido hasta llegar a él, pero lo conseguimos, sabemos que pasará como un suspiro, sin apenas darnos cuenta, también sabemos que es el comienzo del fin.

¡Que bien sabe la libertad, y que poco la valoramos cuando le tenemos! En estos días tuve tiempo de hablar con mis hijos, rememorar lo pasado, encontrar los porqués, entonces descubrí el daño que

les he causado y hasta qué punto nuestro actos afectan a nuestros seres queridos. Nos consideramos seres independientes, dueños de nuestras decisiones y olvidamos que no estamos solos, que formamos parte de una sociedad, de una familia, que todo lo que hacemos en la vida, bueno o malo, siempre perjudica o beneficia a otros.

Uno de mis hijos, el más sensible o quizás sea quien más me necesitó en mi ausencia, me dijo una mañana al levantarse y verme en la cocina:”¡Dios, cómo he soñado este momento.!” Me abrazó llorando y exclamó: “¡No te imaginas cuánta falta me has hecho y lo mucho que te he echado de menos!”

Se me partió el alma al sentir que aunque ellos tratan de disimular sus sentimientos, el daño esta hecho, y no puedo hacer nada para cambiarlo solo me queda seguir avanzando y conseguir que todo se acabe.

Pero una cosa tengo clara, que a partir de ahora todo lo que haga lo pensaré muy bien, lo meditaré, teniendo siempre presente sus consecuencias y a quiénes pueda afectar. Hoy por hoy doy gracias a Dios porque ya veo el final del túnel, se hace la claridad. “Al fin la luz”.

Mª Nieves

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Un comentario sobre “Al fin la luz – Por Mª Nieves

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  1. No sabes como te comprendo “poderosa”. Que razón tenia la pena traidora, que el niño sufriera por la Salvaora. Tu sabes muy bien como te quiero, como te he respetado, como te extraño, y no soy latino.
    Si yo, ademas hubiera sido hijo tuyo cosa esta muy improbable no dudes que tu ausencia me hubiera afectado, y en que medida. Porque la medida de mi amor es como creo que sabes, al igual que la de tu hijo es un AMOR, sin medida Que Dios te guarde “Poderosa”, Mis respetos son vitalicios como conoces, al igual que mis querencias…No lo olvides

    carlos morante

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