El abrazo – Por Jorge Real Sierra

Captura de pantalla 2015-02-09 a las 19.34.56

Sabemos que nos podemos comunicar de muchas maneras. Ustedes pueden leer lo que nosotros escribimos, escuchar las palabras que pronunciamos, oír la risa y el llanto, mirar la expresión de un rostro, observar las acciones que realizamos, y sentir un abrazo. Podemos decir que al hacer cualquiera de estas acciones estamos estableciendo contacto, pero lo cierto es que en realidad sólo el abrazo es el único verdadero contacto.

Cuando perdemos la libertad no solo perdemos la libertad de movimiento, perdemos muchas cosas más, entre ellas, el contacto físico. En prisión el abrazo prácticamente desaparece y aunque no nos percatemos, esa falta nos afecta. Podríamos robar parcialmente el refrán que dice que una fotografía vale más que mil palabras, al sustituir una palabra y decir: “Un abrazo vale más que mil palabras”.

Por encima de los elementos verbales, visuales o inclusive olfatorios, el abrazo establece el contacto más directo, real y significativo de nuestras relaciones. Por desgracia, y casi sin advertirlo, si ya antes de entrar en prisión nos habíamos vuelto menos táctiles, más y más distantes, ahora en prisión, donde cada gesto llega a tener un significado propio, nos encontramos con que la ausencia de ese contacto físico viene acompañada de un alejamiento emocional.

Esta reflexión no quiere decir que me haya vuelto en experto en la observación del análisis del comportamiento del ser humano. Solo me he impuesto la tarea de observar lo que hacemos todos, incluyéndome. No me refiero a lo que decimos, o a lo que decimos que hacemos, sino lo que hacemos y mostramos en realidad. El método es bastante sencillo: simplemente mirar.

Todo esto viene a cuento porque el año pasado pasé a formar parte del Club de Lectura de la asociación Entrelibros dedicada a fomentar la lectura y la literatura en este centro. A través de Entrelibros conocí a Irene, Liz, Andrea y Juan Mata. Recuerdo que lo primero que me regalaron fue un generoso abrazo, un contacto que se ha repetido, cariñoso, cada vez que nos visitan. Observo cómo que cada vez que vienen no solo vienen cargados de libros para leer y de sabiduría para compartir, sino que vienen cargados de abrazos para todos.

Y me preguntó: ¿Cómo agradecerles ese cariño que nos transmiten en cada abrazo?

El ser humano en prisión sigue siendo una especie sociable, capaz de amar y de ser amado. Un simple cazador tribal por evolución, que se encuentra rodeado de muros por todas partes y que se defiende encerrándose en sí mismo.

En esta retirada emocional, muchos cierran las puertas incluso a los seres más próximos y que muchas veces son los más queridos, hasta que se encuentran solos en medio de la multitud. Incapaces de salir en busca de apoyo emocional, algunos se vuelven más tensos, irritables y hasta violentos. Impulsados a abroquelarse por su propia soledad, llegan a un estado en el que todo contacto les parece repelente, en que tocar o ser tocado significará herir o ser herido.

Hambrientos de contacto y de consuelo, buscamos sustitutivos del cariño y del amor. Hasta cierto punto, nuestra capacidad de adaptación a este medio puede causar nuestra ruina social, pues después de vivir y sobrevivir en tan espantosas condiciones emocionales, al volver a la libertad, en vez de detenernos continuaremos luchando, porque así hemos combatido en nuestro penitenciario mundo urbano, alejándonos cada vez más del estado de acercamiento imprescindible para llevar relaciones satisfactorias.

Recuerdo las primeras veces que salieron en los telediarios las imágenes de algunas personas en la calle que llevaban colgado del cuello un pequeño cartel que ofrecía “Abrazos Gratis”. Lo que causaba noticia era la cantidad de gente que se detenía para recibir un abrazo de una persona totalmente desconocida, lo que evidencia la necesidad humana de sentir el contacto directo de un abrazo.

Cuanto más fácil no sería todo, si aceptásemos el hecho de que un amor tierno, una amistad y un apretón no es signo de debilidad, propio de niños y jóvenes enamorados, y volviésemos de vez en cuando, mágicamente a extender los brazos para ofrecer un abrazo cariñoso.

Por mi parte me siento agradecido a esas almas de Entrelibros que nos traen letras, cariño y un abrazo.

Gracias

Jorge Real Sierra

Módulo 13

Anuncios

2 comentarios sobre “El abrazo – Por Jorge Real Sierra

Agrega el tuyo

  1. Lo bueno de dar un abrazo es que, a su vez, te sientes abrazado.
    Pues ahí llevas uno a mi estilo, o sea, un alvarazo. Seguid leyendo y escribiendo, dadle rienda suelta a vuestra cabeza. No olvidar nunca que vuestro patio está rodeado de muros pero nadie le puede poner muros a vuestra imaginación.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: