Desde el país de los malos – Por Marcial Navarro Ibáñez

Captura de pantalla 2015-01-31 a las 10.24.22

Desde mi celda, a través de mi vieja tele, escucho las noticias que, una tras otra, reseñan los últimos casos de corrupción, malversación, desfalcos, estafas, blanqueo de capitales. Por alguna ignota conexión neuronal viene a mi mente el filósofo italiano Giambattista Vico, cuando señalaba que, “de la ferocidad, de la avaricia y de la ambición, surgen tres grandes vicios, la milicia, el comercio y la política. Exponía una teoría espiral de los distintos periodos históricos, según la cual las sociedades humanas se suceden a través de una serie de etapas cíclicas: divina, heroica y humana. En la primera etapa, decía, “edades de los dioses”, aparecen la religión, la familia y otras instituciones básicas; en la siguiente “edad de los héroes”, la sociedad es dominada, mediante la fuerza, por una clase aristocrática y en la última etapa la “edad de los hombres”, los individuos, gracias a la razón, se rebelan y logran la igualdad.

Me agradaría pensar que en este eterno carrusel estamos llegando de nuevo a ésta última, la edad de los hombres, pero se asientan las dudas en mi mente cuando veo cómo los protervos de siempre, se cubren las espaldas unos a otros y se perpetúan.

Soy consciente de que el Mal atrae, incluso tiene prestigio frente al bien, pues lo efectos de la bondad son más difíciles de demostrar que el destructivo fruto del mal, cuyas huellas son imborrables tras su paso triunfal. También tengo claro que no todo lo malo representa el mal, ni que todo lo que puede nombrarse como Mal es malo, porque incluso hay un mal que, si no es bondadoso, puede llegar a ser bello. A esa contradicción los románticos la llamaron “lo sublime”. Así, aunque a muchos les cueste admitirlo, podemos contemplar sin cansarnos la caída de las de un político de alto cuño, ejemplo de la última versión del mal, y ver en se lento desplome una muestra de irresistible belleza.

Creo que fue Goethe quien dijo: “Quiero ser bueno y malo, como la naturaleza, como si no pudiese ser lo uno sin lo otro, actitudes más estéticas que éticas y algunos se escudan diciendo que para hacer el bien, hay que pisar el territorio del mal, a la vez que propugnan que el lado del Bien es el de la sumisión, el de la obediencia y el mal sería rebelarse.

Me pregunto: ¿A qué debemos llamar “bueno o malo”? ¿A un acto o a una persona? Nos dicen que lo que importa es el cumplimiento de la ley y que son los actos, siguiendo la moral kantiana, los que se juzgan y no a las personas.

Vivo en al país de los malos, en una celda de tres por dos, y cuando apago la tele y salgo al patio buscándolos, constato en primera persona que aquí no están todos los malos que deberían estar y, al no encontrarlos, me pregunto: ¿Dónde estarán?…

Marcial Navarro Ibáñez

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: