El Alma del derecho – Por Alfredo

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Como modesto estudiante de Derecho no puedo evitar reconocer que el Derecho me atrae y que su estudio me produce una satisfacción sorprendente. Es fácil reconocer que estoy cayendo, complacido, en el feliz encantamiento de una ciencia magnífica, de unas teorías y leyes que son producto de la inteligencia, la experiencia y la prudencia humanas. Es inevitable llegar a entender el Derecho como el pilar básico e imprescindible donde se asienta nuestra sociedad occidental. Por todo esto el Derecho me gusta, me satisface intelectual y espiritualmente y me hace sentir un orgullo legítimo como ciudadano europeo heredero de una tradición legal de más de dos mil años. Es un orgullo estudiar un Derecho que ha evolucionado, creciendo junto a nuestras sociedades, respondiendo a los cambios, a la evolución del hombre, descubriendo y señalando a cada individuo como un ente poseedor de derechos. Sirviendo incansable como guardián silencioso de las libertades y de la dignidad del ser humano. El Derecho convertido en un padre grande, protector, cumplidor y ejecutor de leyes.

De este acercamiento también surge la pregunta de cual es el origen del Derecho. Cual ha sido la razón o la causa que nos ha llevado a su creación y nuestro sometimiento al mismo. Que naturaleza o razones le reconocemos al Derecho para que nos obliguemos a respetarlo y acatarlo. Y esta es la justificación para escribir este artículo: descubrir la naturaleza del Derecho, la razón de su nacimiento. Porque es su propia naturaleza, la que lleva implícita la razón de su existencia, lo que inconscientemente nos lleva a respetarlo y a venerarlo. Cuando eres un ciudadano honrado sabes que el Derecho, con cualquiera de las formas que le pueda dar la Justicia, está ahí para protegerte, para acogerte cuando te sientas amenazado o seas víctima.

Pero sigo insistiendo en la cuestión: ¿cual es el alma del Derecho? Cual es la razón autentica, profunda y real del la existencia del Derecho: ¿La inteligencia de los hombres? ¿La Historia? ¿Roma? ¿Las revoluciones? ¿El cambio social y económico? ¿La aparición de nuevas clases sociales?

Desde mi reflexión creo, hoy, esta mañana de primavera en prisión, que la verdadera alma del Derecho es el deseo de libertad. Es en el corazón del Derecho donde vamos a encontrar la respuesta, descubriendo que la causa que ha empujado al hombre a regular sus relaciones sociales, a ordenar sus vidas bajo códigos comunes, es el hambre de libertad, el ansia de libertad, la imprescindible e imperiosa necesidad de vivir libres. La libertad entendida como consecuencia de una vida sin miedo, sabiéndonos a salvo de los lobos gracias al Derecho y a sus hijas, las Leyes.

Y esta es una conclusión paradójica en mi caso y reconozco que a mi mismo me sorprende haber alcanzado. Paradoja que nace de mi condición actual de interno en un Centro Penitenciario, es decir una conclusión que es producto de la reflexión y el estudio de un hombre que está preso. Preso. Privado de libertad por el propio ejercicio del Derecho. Y continuando con la contradicción abundar en que nunca hasta ahora, en mi experiencia penitenciaria, he oído a ningún preso quejarse o maldecir al Derecho. Pueden hablar amargamente de leyes, hombres que las aplican, de esta sociedad cruel y desapegada de los condenados y sus circunstancias. Todos renegando de la Justicia. Pero no atacan al Derecho. Hasta el más malvado de los hombres respeta el Derecho porque todos reconocemos al Derecho como parte de nuestras vidas, como parte inherente a nuestra propia existencia. Convivimos desde nuestro nacimiento con el amor, la familia, estudios y trabajos, asumimos como parte de nuestra existencia la panadería de la esquina y nuestro bar favorito, el colegio y la oficina, el parque y el pueblo de nuestros padres, de esa misma manera es como el Derecho nos acompaña como elemento familiar e innato de nuestra vida. Es el Derecho al que reclamamos cuando algo nos indigna, el Derecho que nos indica lo justo y lo injusto, el Derecho que nos permite reclamar nuestros derechos. Porque de esa reclamación producida desde que el hombre es hombre, desde ese afán del ser humano por defenderse de lo injusto, nos ha llegado el Derecho como expresión del más importante de nuestros valores, de ese valor que nos hace dignos como seres humanos. Del valor de reclamar y conseguir esa libertad que nos ha regalado el Derecho.

Alfredo

Módulo 11

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