Senegal – Por Alfredo

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Bocadillos de espaguetis con atún y tomate. Crujientes baguettes rebosantes de pasta y tomate frito. La primera vez que viajé a Senegal, por motivos profesionales, me llamó la atención y despertó mi apetito, los bocadillos tan variados y originales que las mujeres, en sus puestos callejeros, venden a los trabajadores del puerto de Dakar. Esta fue la primera, pero no la única, de las peculiaridades que nos ofrece este atractivo y amable país africano.

Senegal es una estable democracia presidencialista, instaurada desde su independencia de Francia, la antigua metrópoli, en el año 1960. Por ello país francófono, abierto al océano Atlántico, de más de ocho millones de habitantes, con una historia y un futuro que le convierten un lugar que debe conocerse en persona.

Senegal es una nación pequeña y cada día menos pobre. De este país han tenido que emigrar en los últimos treinta años, pero la contrapartida de esta diáspora de más de seiscientos mil senegaleses, es la aportación económica que ellos aportan desde el exterior, junto con los patrimonios que aportan los retornados.

Una sociedad sin apenas delincuencia, con su capital Dakar, cada día con mejores servicios e infraestructuras, con una población acogedora y siempre dispuesta a la charla con el forastero.

Senegal está a pocos grados de latitud del Ecuador, la zona del planeta donde se concentra el calor tropical más intenso, esta circunstancia debería hacer de Dakar un lugar de temperatura casi infernal. Pero el país ha tenido suerte: la corriente del Atlántico sur baña sus costas y suaviza el clima.

Si el lector está pensando en viajar a Senegal, algo que recomiendo fervientemente y que es algo que nosotros no podemos hacer, ya tiene los datos fundamentales: el calor es moderado y sus playas atractivas, sin masificaciones, anchas, limpias, los precios muy asequibles para un europeo. ¿Merece la pena el viaje?, respuesta afirmativa, ya que nadie puede escapar al hechizo de este país del África negra.

Si se decide es recomendable que lo haga en invierno. En caso contrario se verá afectado por el bochorno en el interior del país. Si comienza su recorrido por Dakar, va a encontrar una ciudad que se halla en pleno auge constructor, reflejo de una actividad económica dinámica y en crecimiento. Y que no se impaciente el viajero, lo que busca en África lo encontrará entre los paisajes y, sobre todo, entre las gentes del Senegal. Al igual que otros rincones del África atlántica, este país destila la quinta esencia del continente, sus impresionantes playas, las enigmáticas aldeas, los pueblitos pesqueros con sus pescadores que pintan sus barcas en combinaciones vivas, los tejedores de cáñamo, comunidades todas que conservan intacto el modo de vida tradicional. Con un exuberante río Senegal, en la frontera del norte, promesa de arenas rojizas, puerta del desierto, y al sur lindando con las Guineas, orgía de colores con el verde y el rojo, los colores tropicales africanos.

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Le aconsejo que aproveche su estancia en Dakar para visitar la isla de Goreé, centro neurálgico durante tres siglos para la salida de esclavos africanos con destino al continente americano. En Dakar todas las referencias turísticas e históricas se dedican a la isla de Gorée, pequeño enclave isleño donde, como vigía silencioso y temible, se alza la fortaleza testigo del infortunio de más de 250.000 africanos que durante 150 años pasaron por ella, antes de ser embarcados hacia un destino de esclavitud y sufrimiento. Recomendable, casi imprescindible, la visita a Gorée, pero prepárese el viajero para vivir una experiencia que le enfrentará con los abismos más oscuros de la maldad, la avaricia y la injusticia del ser humano

Otra visita obligada es la que debe hacerse a la antigua capital del territorio colonial francés: Saint Louis. Ciudad que refleja y cuenta el encanto de una época pasada como capital de las posesiones en África de la antigua metrópoli francesa. Desde esta ciudad se gestionaba el inmenso territorio compuesto por los que actualmente son los países de Mauritania, Malí y Senegal. Pasado que se refleja en la multitud de edificaciones decimonónicas, restos del naufragio de Europa en este continente, de indudable sabor europeo con el atractivo de la decadencia de tiempos pasado, que junto con la numerosa presencia de ciudadanos franceses al frente de negocios (hoteles, restauración, etc), mantienen viva un ambiente de mestizo de lo europeo y lo africano, que genera un encanto que se siente y se huele.

Senegal enamora, este es el verbo adecuado para reflejar el sentimiento que despierta este país. Las coloristas vistas del paisaje senegalés donde podemos encontrar desde la sabana africana al sur, bosque tropical al este, el contraste frondoso en el norte en la ribera del río Senegal, frontera natural con Mauritania, y una meseta central salpicada de mágicos baobabs. Baobabs cargados de leyendas, estos árboles endémicos de África, conservan una memoria colectiva de tradiciones, historias mágicas y dioses transformados en perennes compañeros de la llanura.

Conocer Senegal es una oportunidad de acercarse a la realidad de África y volver a casa enamorado de un país donde el viajero habrá aprendido a disfrutar de una vida que se vive a otro ritmo, a sentir que el tiempo se vuelve sólido cuando se disfrutan los días en esta tierra que desgrana calor humano y una naturaleza encantadora.

Alfredo

Módulo 11

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