Diez meses – Rosa

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¡Estás loca!” – Me dicen los amigos – “¿Pero cómo se te ocurre?” “¿No te da miedo?” “¿Es que no había otro puesto más seguro para ti?” “Estarás permanentemente rodeada de funcionarios, ¿no?”…

¡Pero qué equivocados están! Está claro que nos gusta a los humanos dar nuestra firme opinión sobre cualquier materia, incluso cuando ignoramos casi todo sobre el tema. Es interesante el hecho de que ninguno de los sujetos que tan amablemente han opinado sobre mi decisión de trabajar en este centro haya estado jamás en un centro penitenciario.

He de confesar que me comprometí a trabajar aquí por propia conveniencia: un horario atractivo, a unos minutos de casa, enseñanza de adultos, algo nuevo, un poco de aventura…… No me pude resistir. Pero, ¿quién me iba a decir a mí? Entré sin expectativa alguna, desconociendo qué tipo de experiencias me aguardaban, y diez meses más tarde, miro atrás, para advertir que he aprendido tanto como he instruido, seguramente más. Todos y cada uno de los individuos que han estado cercanos a mí desde que empezó esta aventura me han ayudado a modelar una experiencia tan increíble como real.

Mis vivencias en el centro me han recordado que he tenido la gran suerte de dirigir mi propia vida, siempre rodeada de seres que me encauzaran, alentaran, reprendieran y celebraran los éxitos conmigo. Desafortunadamente, no todo el mundo puede decir lo mismo, no, ¡claro que no! Triste, pero innegable. ¡Algo que damos por hecho cuando lo gozamos y trae tanta penumbra cuando no lo podemos disfrutar!

¡Personas a las que no había visto jamás, que ciertamente me han marcado! Admiro la entereza con la que algunos aceptan la adversidad, me entristece que otros consideren que lo único que les queda es sentarse a esperar a que ocurra “algo diferente”, día tras día; me maravillan los que no se rinden, por muy profundo y oscuro que sea el pozo. Yo, que traía tan poco, ¡me llevo tanto!

A aquellos que se compadecían de mí les digo orgullosa: “He visto las miradas más auténticas, he degustado las muestras más increíbles de cariño, he escuchado las palabras más alentadoras y, he prestado oídos a los relatos más trágicos; y todo esto en sólo diez meses. ¡DIEZ! He vivido conjuntamente las experiencias más gratificantes y las más desmoralizadoras”. Y les pregunto: “Si estos diez últimos meses de repente desaparecieran, ¿lo notaríais?” Creo saber la respuesta para la gran mayoría (no). Pues si a mí me despojaran del tiempo que he pasado en este centro, me sustraerían un fragmento de mí misma que nunca podría reemplazar. Ya sé que no todo el mundo estará de acuerdo conmigo, ni lo pretendo. La única forma de comprenderme es compartir esta experiencia conmigo. Sólo los que lo han hecho pueden asentir al leer mi relato, mientras perciben un cosquilleo que sólo ellos pueden percibir.

Rosa

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