Nuestro origen está en las estrellas – Por Jorge Real Sierra

 

La mayoría sabemos que la historia del origen de la vida y de su evolución es fantástica. Conocemos algunos datos sobre las estrellas y los astros que resumen más o menos lo que nos han enseñado en la escuela y forma parte del bagaje cultural que nos acompaña, pero muchos reconocemos nuestra ignorancia respecto a algo tan vasto como el mismo universo. Es por eso que tener la oportunidad de emprender un corto viaje por el espacio y contemplar aunque sea por unos minutos parte del universo al que pertenecemos, acompañado de imágenes y de un guía de excepción como el Prof. Vicente López, dedicado a la docencia en física, astrofísica y astronomía, ha sido un verdadero placer y un honor.

El profesor López, aparte de académico, un gran comunicador, vino con la ilusión de aportarnos algo nuevo y valioso y nos presentó una cosmovisión que difiere mucho de la que se tenía hasta hace unos quinientos años, la cual aceptaba que todo el universo resultó ser un acto de creación divina. Entonces se creía que el universo siempre había sido inmutable, estático y, por ende, seguro. Así ocurrió que aceptamos la ciencia de Aristóteles como un dogma durante más de mil años. Algunas personas se negaron a mirar a través del telescopio de Galileo por miedo a tener que cambiar sus creencias. Así era el mundo entonces.

Nuestro excelso visitante comenzó por explicarnos la importancia de las pruebas basadas en las mediciones de las distancias, pruebes que se pueden repetir y verificar. Y es ahí donde estriba el poder y la fecundidad de la ciencia. Nos relató luego la historia del universo a través de un paseo por las galaxias apoyado con innumerables y bellas imágenes de galaxias, nebulosas y de incontable millones de estrellas.

La labor del profesor López es de suma importancia. Vivimos en un mundo poblado de instrumentos refinados y sensibles; gigantescos aceleradores de partículas estudian las dimensiones más pequeñas de la materia, máquinas especializadas analizan las moléculas de la vida; grandes telescopios en la Tierra y en el espacio estudian los lugares más remotos del universo. No son lujos destinados a satisfacer meramente las aspiraciones académicas de unos pocos, sino iniciativas necesarias para garantizar nuestro progreso y nuestra supervivencia. En un mundo irrevocablemente dependiente de la tecnología, la democracia solo puede funcionar con una población informada sobre la ciencia. Sin este conocimiento es imposible juzgar el valor de las misiones espaciales, la necesidad de reducir las emisiones de dióxido de carbono, la posibilidad de usar armas nucleares para defendernos de un posible impacto asteroidal o el efecto de de los alimentos modificados genéticamente.

De lo que estamos seguros es que después de la exposición sobre el cosmos del profesor López, la próxima vez que contemplemos una anaranjada puesta de sol, o que miremos al firmamento, lo haremos con ojos diferentes y que hagamos lo que hagamos con nuestras vidas, quizás examinaremos un poco más la incidencia de nuestros actos sobre la delicada biosfera, por diminuta que nos parezca.

 

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