Rastrillos y chabolos

Esta es la fórmula escogida, por Instituciones Penitenciarias, para recoger y ubicar a la población reclusa, que por su terminología poco frecuente, podría parecer incluso original y exótica. Nada más lejos de la realidad porque los R, los rastrillos (compuertas con rejas que albergan cosas viejas) son equivalentes a las alas de una fortaleza, y los C, de chabolos (casetas o barracas, chozas míseras que contienen la miseria social) serian como las dependencias para los invitados.

Los primeros son análogos también a un barrio, lógicamente cerrado y protegido de si mismo y de los otros barrios para evitar, en lo posible, que se mezcle la gentuza con la mala gente, los de una clase mala con otra peor y para separar enfermos de unos tipos con otros tipos.

Cada fortaleza tiene, como señor feudal, un responsable u organizador llamado cabo, figura importante y necesaria en las Fuerzas Armadas, que no requiere de una mayor descripción, siendo por todos conocido y respetado, con comillas. Es el responsable de la custodia y distribución de todos los materiales de limpieza para sus dominios (lejía, friegasuelos, bolsas de basura grandes y pequeñas) y poco más, ya que los mochos y cepillos, para fregar y barrer, se cambian con suerte una vez al año y los artículos citados anteriormente, nunca llegan a final de mes.

En el mismo cuarto, protegido bajo llave, se ubican también sus propios utensilios y materiales para mantener en perfecto estado de revista las zonas comunes: pasillo central, cristales, comedor, sala de juegos, sin juegos y los azulejos, que están bajo su directa responsabilidad, limpiando unos a diario después de su uso, otros semanal o quincenalmente. Una pasada con la maquina limpiadora que no abrillantadora, para hacerlo brillar. En este cuartito es posible tender la ropa, con permiso del cabo, que no se mandó a lavandería y que en los chabolos esta prohibido “colgar” para que seque, por la seguridad de los inquilinos.

Custodia con recelo, el cabo, la llave para acceder a la única bañera con grifo de ducha, de agua continua, que existe en sus dominios. Todo un derroche con ventajas: darse un baño integral, metiendo el talón del pie en el agujero del desagüe, porque no tiene tapón, o una buena ducha con teléfono y graduación normal de agua fría y caliente. El inconveniente principal de este, artículo de lujo, son los posibles contagios e infecciones que circulan por el lugar, como: hongos, otros virus mas letales y demás, por lo que se hace necesario, antes de su uso, una buena fregada con lejía, que curiosamente no hay. Como digo es un sofisticado placer, la bañera no el cabo, que requiere mucho valor y toma de precauciones que a la mayoría de usuarios les suele importar un rábano.

Por todas estas labores, que no trabajo remunerado, el cabo percibe la nada despreciable y astronómica recompensa de, casi cien euros mensuales, junto con otro montón de beneficios penitenciarios que seguirá percibiendo hasta el cumplimiento integro de su condena. Redondea sus funciones con el aviso, tipo Morancos, de la llegada de la medicación y las comidas para su tropa e impedir el acceso, al barrio, de los emisarios de otros rastrillos, para sus trapicheos diarios, léase (pipas, caramelos, chicles…) Suelen ser los cabos, como en la legión, personas con condenas largas, mas o menos respetados y algunos incluso amables y serviciales que ayudan a llevar las comidas a los enfermos y/o heridos o los que llegan tarde por haber salido a diligencias, médicos o comunicaciones.

Los chabolos, chozas míseras, situados dentro de los rastrillos, albergan en la enfermería, apartamentos de cuatro habitaciones tipo loft, con muros y paredes virtuales, dos con ventanas a la calle y dos interiores. Diez amplios metros cuadrados para cada uno, incluyendo: cama de noventa, mesa, silla y ropero de hormigón, sin puertas, para colocar las pertenencias y fondo de armario individual. Añádasele un lavabo, plato de ducha a porrazos, de dos por dos, y otro espacio similar para wáter, ambos de uso compartido para los cuatro estudiantes, más un cubo y fregona, cepillo y recogedor, una botella de lejía y otra de gel, o algo similar que hace espuma, de suministro mensual.

Suele haber televisión de dieciocho pulgadas, a dos metros de altura, propiedad de uno, normalmente el residente mas antiguo o veterano que, aparte de generar envidias, también suele ser la fuente de mas de un conflicto por: la visión de canales, películas, deportes o música, también por el volumen y por las horas de comienzo y fin de emisión. Como la luz artificial, encendida o apagada y en que horario. El regular es: apertura de la choza, diana, a las ocho de la mañana. Medicación ocho y media. Desayuno a las nueve. Comida sobre la una y media. Cena a las ocho de la tarde y cierre del chiringuito, retreta, sobre las nueve. Todos estos horarios son como los de autobuses o Renfe, aproximados. Se suponen sagrados, de dos y media a cinco de la tarde y de diez de la noche a ocho de la mañana, para descansar y, en silencio, pero es imposible disfrutarlos por razones mil y una, citare solo unos ejemplos: porque a alguien no le sale de los cajones, por ronquidos y hedores…

Barrido y fregado diario, teóricamente, depende en la realidad práctica de los turnos establecidos, tipología de los enfermos y la voluntad, poca o ninguna, de todos ellos. Sentido común, educación, orden y aseo personal son siempre necesarios para la convivencia en cualquier lugar o régimen, pero aquí, en la anarquía absoluta, mucho más y también mucho más difícil, por convivir tanta fauna distinta y porque muchísimos carecen del mínimo respeto hacia si mismos, así que difícilmente pueden tenerlo hacia los demás. Es literalmente vivir rodeado de excrementos pero además con olor a excremento, aderezado por el resto de habilidades escatológicas que normalmente se suelen liberar, con máxima discreción y silenciador, pero aquí, sencillamente se dejan en libertad y algunos con altavoz.

Cambio de sabanas dominical y lavandería dominical quincenal. El suministro, siempre puntual, pero su uso también es teórico, la practica ya saben… casuística amplia. Visita medica semanal y como en las excursiones infantiles, una jornada para cantar “Vamos a contar mentiras tralara…”. Ya hace tiempo que no me extraña que Don Joaquín, el medico, no se crea nada y tampoco a casi nadie, ya no está acostumbrado a escuchar la verdad. Se suele cuidar un poco la imagen del chabolo para este día pero poco más y no siempre.

Suele ser, el doctor, quien prescribe como tratamiento agua y jabón para muchos enfermos o sanos, con algunos en justa correspondencia, el también les canta “Mejor con la cara lavada y recién peinado…” o “Barre tu casita tralaralarita…”. Dura visita para sus sentidos, ya curtidos, por esta razón se entiende diáfanamente que sea más rápido que los médicos de la seguridad social, los perfumenes son difíciles de aguantar, junto con las canciones y la poca educación o ninguna, dejan una huella difícil de olvidar. Aunque mucha sea su experiencia, que lo es, con una consulta semanal, el cielo lo tiene ganado, doy fe y no tengo nada de objetar.

Inspecciones relativamente frecuentes de los Señores Funcionarios de Seguridad, (se enfadan si les llamas vigilantes), para echarle un vistazo al personal y olfatear, otros aromas, de su área funcional, que también los hay, pero los vecinos aunque enfermos, no son idiotas del todo, en general los pasotas caen pronto y no diré más.

Por ultimo, las visitas del resto de vecinos, que casi siempre son para pedir, todo tipo de cosas o para vender algo, también todo tipo de cosas, pero nunca para dar, salvo… para dar por donde amargan los pepinos, esto es frecuente y habitual. Los Ordenanzas, por su rango, requieren tratamiento diferencial y exclusivo, ya escribiré otro día, ahora los cito para decir, únicamente, que ellos disfrutan de chabolo individual y esto, señores, si es un Beneficio Penitenciario de verdad, manifiesto abiertamente mi envidia y deseo de poder hacerlo, no para alejarme del mundanal ruido o por tener que soportar a los demás no, lo digo precisamente por el motivo contrario, por y para ellos, que no tengan necesidad de soportar y aguantar a mi persona. Gracia que espero merecer y alcanzar, algún día.

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