A mal entendedor…

La Macro cárcel de Albolote, ha servido de caldo de cultivo para no pocas horas de análisis sobre las situaciones que vivimos en la actualidad, ya sean de crisis económica o porqué no decirlo, de ocaso y decadencia en todos los tradicionales Valores junto con la involución desde hace algunas décadas, para el que escribe, de dos conceptos llamados Vocación y Responsabilidad. Por cuestión de tiempo y espacio me concentraré en el primero, dejando al segundo implícito por regla de tres simple, aunque sea compuesta y compleja.

Acuden a la maltrecha memoria del firmante varios libros, recopilación de errores sangrantes y absurdos cometidos por los estudiantes, ante preguntas y exámenes de sus profesores que, posteriormente estos, han recogido y ordenado, como resultado de su amplia experiencia docente con intención jocosa así como la evidente recompensa mercantil, casi siempre camuflada y distorsionada. Denuncian con ello, según dicen, el penoso estado y nivel de nuestro sistema educativo, justifican la falta de oportunidad en los recortes de la educación pública o la consideración, respeto y autoridad que a los heroicos educadores debe tributarse por parte de todos sin excepción. No entrare a juzgar ninguna de las posibles razones ni sutiles argumentos utilizados para divulgar tantos oprobios pero si anotaré que parecen olvidar que detrás de estos estudiantes, o delante, hay maestros que no han logrado su objetivo, como si ellos no tuviesen parte activa en este desaguisado o como si no fuesen ellos, sin lugar a dudas, sus principales victimas.

Curiosamente también han visto la luz datos sobre exámenes realizados a opositores de magisterio, que revelan disparates y sandeces aún más vergonzosos, delirantes y soberbios que los obtenidos entre el alumnado en general, ya que la mitad de los candidatos ostentaban una vasta y basta ignorancia. Los datos revelados demuestran que la vocación del magisterio ha sido caricaturizada por educadores y educados, ambos mal, y no debe extrañarnos que, personas que no saben hacer la “O” con un canuto, no tengan ningún reparo al presentarse como maestros. Mi realidad y desgraciada opinión es que, tales gentes son las que nuestra época merece. Resulta alarmante que tantos puedan pasar por una universidad, por libre o convalidando y obtener el titulo. Pero más deslumbrante, perturbador y horripilante aún, me parece, el mecanismo psicológico que empuja a confundir una vocación hasta tal extremo. Alguien que necesita descaradamente aprender y se juzga capacitado para enseñar es algo, en verdad, delirante, enfermizo y desafía seriamente el bien o mal llamado sentido común. Esta malformación genética o neuronal nos muestra una incapacidad manifiesta para medir nuestras propias limitaciones, un egocentrismo falsificado como forma de vida aceptada y una irresponsabilidad demoníaca, en definitiva un maremoto devastador del sentido vocacional.

La vocación del maestro es fundamentalmente de entrega, el profesor traslada al alumnado el acervo que recibió de sus antecesores, es el guardián del saber heredado y el garante de su trasmisión. Se entrega a si mismo con todo lo que ese acervo ha hecho de él y ofrece la posibilidad a todos los alumnos de contemplar su ejemplo y poderle imitar. La tragicomedia surge cuando se nubla el sentido de cualquier vocación, cuando se pierde la noción de lo que debe entregarse, cuando uno se endiosa y lo que se entrega es nada, porque nada se ha recibido y porqué brilla por su ausencia el interés para superarse.

Cuando se vive de noche, a oscuras, poco puede entregarse salvo tinieblas y, la propia ceguera no implica la invidencia de los demás. La tragedia de nuestra época no es que haya opositores y/o estudiantes necios y/o ignorantes; el verdadero drama es que la vocación de todas las profesiones y sus educadores ha sido desterrada y/o abolida, casi todo el mundo se considera maestro, profesor, educador… o todos ellos, cuando nada se puede entregar. Donde se ha hecho el vacio neuronal es natural que se instalen la vanidad orgullosa y la irresponsabilidad satisfecha, encantadas ambas de haberse conocido. Esta es la ilustrada, que no ilustre conclusión, sobre vocación y responsabilidad, que ha inspirado a escribir el análisis realizado y meditado, cercano al segundo aniversario de reclusión en este recinto educativo, llamado penal, después de ver, oír y escuchar, colaborar, compartir y convivir con otros muchos alumnos y un ramillete de maestros de hoy, que no de los de antaño. No dejando lugar a dudas ni elucubraciones, el mal entendedor es un servidor, que ratifica y renueva constantemente su voluntad de aprender, aun no encontrando espejo donde mirar y mucho menos para imitar. Siendo consciente, a diferencia de otros, que “Quien dejo de Aprender dejo de Vivir”. Dedicado sin cariño pero con respeto a todos los vocacionales y responsables.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: