Cáncer

 [ Por Ali C.]

Puede ser banal, hablo de un soldado que no tenía armas, de un humano que luchó con las fuerzas que le proporcionó su cuerpo. Una batalla vencida, una guerra pendiente de victoria. Un día cualquiera, no recuerdo si era martes o jueves, se levantó y algo era diferente, pero no sabía decir el que exactamente. Le duele el cuerpo pero no es de forma dolorosa más bien una molestia persistente, quizás se siente un poco cansado, poco a poco pierde la vitalidad, hay cosas que antes no había, unos lo posponen porque dicen “ya se me pasará”, “solo tengo que dormir” y así por una excusa y otra, acude al final al médico por su iniciativa o por la insistencia de quienes se preocupan de su desmejora. Y en la consulta del médico primero se hace una rutina, algo extraño aparece, hacen más pruebas, vuelven a repetir las mismas pruebas y finalmente la noticia es mortal. Esa persona que había despertado un día diferente se encuentra sentada en una silla, el médico que tiene una expresión seria da el resultado. “Lo siento mucho, tiene Cáncer”, se queda clavado en la silla con la expresión desarmada, el sudor frio le recorre la espalda y trata de articular una palabra, desea con todas sus fuerzas que aquello solamente sea una broma de muy mal gusto, que no es cierto que le haya tocado a el vivir que esa palabra “cáncer” no tenga relación con ella. Pero la pesadilla es una realidad, se encuentra en esa consulta que huele a desinfectante y le han dicho que tiene algo horrible dentro. Desearía levantarse y lanzarse desde un sexto piso, en un momento de cobardía, no se le puede culpar de querer huir del dolor, pero el miedo desaparece y se convierte en un guerrero. Voy a pelear contra ello, llegando a las últimas consecuencias. Así comienza el duro trabajo en el que cuenta la voluntad y perseverancia. Los olvidos pueden ser devastadores, la dejadez puede ser dar un paso más cerca de la tumba. Las medicinas llenan la mesita de noche, el día está dividido por tareas, por ejercicios, por una dieta específica, tienes que pasar por el quirófano una, quizás hasta seis veces, no sé sabe. El tiempo comienza a pasar un día tras otro, tan lentos que a veces unas horas dan la impresión de ser días enteros.

Vuelve a estar en la misma consulta, le atiende otro médico diferente, han pasado 11 meses, casi un año desde que recibió la noticia del cáncer y ahora el médico se sienta frente a esta persona que es tan diferente a la que llegó. Está cansado, lleva un pañuelo que oculta la marca de la quimioterapia, lleva ropa holgada para ocultar la marca del bisturí y sabe que su bolso hay una cantidad de medicinas que un año antes nunca imagino tener que ingerir. El médico sonríe con optimismo “enhorabuena lo has conseguido, aún es pronto, pero has superado lo más difícil” Se encoge el corazón de felicidad ¿Quién se lo iba a decir? ¿Realmente le ha dado esquinazo a la muerte? Llora como no lo hizo el día de la amarga noticia, y lo hace porque aquel día decidió ser fuerte para ir hacia delante, pero ahora puede permitirse llorar como un niño, no se cree esas palabras que son como una invitación a seguir viviendo. Has vencido.

Pasan dos, tres, cuatro y cinco años, se repiten las pruebas, sigue bajo la atención del médico y finalmente el médico le anuncia de forma oficial, vas a vivir, no volverá a aparecer porque el demonio ha sido derrotado. Has ganado una dura batalla, una batalla porque la guerra nunca será acabará. Esta historia habla de un final feliz, los avances médicos están permitiendo que cada vez sean más las personas que le plantan cara al cáncer y consiguen ganar las más duras batallas. No son solo los avances médicos, inflar a una persona de optimismo, un buen apoyo y la necesidad de vivir hace que cada día sean más los que se miran al espejo y se sonríen de saber que pueden. Es cierto que hay muchos que no superan las pruebas más duras o quizá es demasiado tarde cuando llega a las manos de los expertos. Lo más importante de todo es el como se sientan los últimos momentos acompañados y comprendidos, no se les debe tener lastima, no son victimas, son guerreros que han muerto en el campo de batalla y lo único que se merecen es nuestra admiración. Estas historias no aparecen en ninguna placa de honor, porque son historias comunes como la vida misma.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: