Pasión por el Granada CF

Por Belén Gómez (interna del módulo 9)

Granada CF Viejo Los Cármenes
Entrada al viejo Los Cármenes. Foto de la web Granada.incondicionales

Desde pequeñita, con dos años de edad, recuerdo la palabra fútbol. Sentada en casa viendo los dibujos animados de la época, podía escuchar de lejos el eco del griterío cuando cantaba los goles, al igual que por la mañana, a las siete, oía el ‘quinto levanta, tira de la manta’. La casa de mis padres estaba situada en el barrio Cercado de Cartuja, detrás del campo de fútbol del antiguo Los Cármenes y del parque de artillería del Ejército.

Por esa época era hija única y mi padre, socio del Granada CF, me llevaba, ya con tres años, todos los domingos al fútbol. Allí conocí a Porta, Vicente, Castellano… y a otros muchos jugadores que entonces militaban en Primera División. Tengo todavía guardado un balón firmado por todos ellos.

Fueron muchas las anécdotas. En aquellos años vi cómo mi padre pasaba por una de las tapias del campo de fútbol su carnet de socio a sus amigos para que vieran el partido gratis. Recuerdo perfectamente que, en alguno de los partidos, por no decir la mayoría, siempre estaba una pareja de la Guardia Civil situada debajo de la tribuna. Al otro extremo de los vestuarios de los jugadores se encontraban los calabozos. Allí solían ir a parar, entre otros, los que insultaban al árbitro, al entrenador o a los jugadores. Como mi padre era un fanático del fútbol tuve la ‘suerte’ de que le llamaran la atención y nos hicieran bajar de las gradas. Terminé de ver el partido al lado de los civiles pero mi padre no lo pudo ver porque lo metieron en los calabozos por decirle al árbitro: “no me cago en tu padre por si en todo caso soy yo”.

Disfrutaba muchísimo. Más allá de lo anecdótico, a mi padre le debo que me inculcase el deporte. En mi barrio, todos los días había un partido con los niños de la calle y el regalo a los campeones era una copa de anisetes, bolitas dulces con sabor a anís. Tengo en mi mente los recuerdos aún vivos de cuando le dabas un patadón al balón y lo encajabas en uno de esos balcones tan bonitos llenos de flores. Pero lo que más fastidiaba a los abueletes era cuando le dabas a sus coches que acababan de lavar los domingos. A veces, por no decir todas las veces, me costaba un castigo y perder el balón, porque me lo pinchaban.

El fútbol era nuestro entretenimiento siempre que termináramos los deberes. Todo era tan bonito que disfrutábamos como lo que éramos: niños con nuestra inocencia y pasión por el fútbol, hasta el punto de que aún hoy veo una pelota en el patio del módulo y me vuelvo loca. Ahora se lo inculco a mi sobrino, que le encanta.

Recuerdo perfectamente el día que vi junto a mi padre el partido Granada-Jaén, que ganó el conjunto rojiblanco con goles de Vicente y Castellanos. Nos fuimos muy contentos a casa. ¿Quién lo iba a decir? A las tres de la madrugada mi padre falleció. Ese fue mi último partido con él. Desde los seis años hasta los dieciocho escuché los partidos por la radio.

Al entierro de mi padre asistieron todos los jugadores, incluido el entrenador y le llevaron un ramo de flores en nombre del Granada CF. Desde el cielo sé que no te pierdes ni uno de sus partidos, padre. Desde aquí le doy las gracias.

¡Animo y adelante campeones!

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