Los locos también lloran

[Jorge Salvador Martín]

En mi anterior artículo ‘¿Qué es una cárcel?’ saque a colación una de las muchas historias que se ven en las prisiones. Hoy me gustaría contaros la historia o, mejor dicho, el drama de otro preso.

Hay que desplazarse con la imaginación hasta finales de los noventa y principios del nuevo siglo para relatar la historia de un estudiante de Magisterio con problemas mentales que, por circunstancias de la vida, ha acabado en la cárcel de Albolote.

Tras dejar Magisterio se matriculó en la escuela de hostelería donde finalizo el curso de cocinero y poco después empezó a trabajar. Este chico tenía una novia y, cuando llevaba algo más de cuatro años de relaciones, sufrió una crisis psicótica. Ella asustada rompió las relaciones. Esta circunstancia le agravo su enfermedad, hasta el punto de que intentó suicidarse tirándose de un segundo piso, pero por fortuna sólo se rompió el tobillo. Lo trasladaron al hospital Carlos Haya de Málaga para operarlo del tobillo y después al hospital Civil, donde le internaron en la planta de Agudos y permaneció algo más de un mes hasta que le dieron el alta.

En casa de su abuela se reprodujeron los brotes psicóticos que le llevaban a autolesionarse y a intentar acabar con su vida –nunca hacer daño a nadie-, por lo que fueron muchos los ingresos tanto del hospital Civil como del hospital Clínico de Málaga.

Al no poder convivir con normalidad, su familia le ingresó en varias casas de acogida y pisos tutelados, haciéndose cargo la Fundación Andaluza de Enfermos Mentales (FAISEN).

Mientras estuvo en una de las casas de acogida, hizo amistad con otro enfermo y contactó con una red satánica a través de internet. Creyó encontrar amigos que le prometieron la posibilidad de recuperar el amor de su novia y que lo internaran en un centro de salud mental, donde por fin lo curarían y volvería a ser un ser humano normal. Claro que para conseguir todo esto, él tenía que integrarse en ese grupo y para lograrlo había que hacer un gran sacrificio. Dado que no disponía de dinero, su mente enferma ideó un plan para matar a su nuevo compañero y amigo, y así seria digno de entrar en ese grupo de gente ‘privilegiada’.

Se llevó a su amigo a un sitio apartado, como es Cortijo Jurado, y por supuesto no se olvidó de cargar con un cuchillo. Para convencerlo de que se dejara matar le dio 10 euros que le quedaban en la cartera. Por supuesto su amigo cogió los 10 euros, pero no cumplió el trato y salió corriendo hasta que pudo llegar a un teléfono y avisar a la policía.

El protagonista de esta historia pasó a disposición judicial y el juez lo envió a la cárcel. En cuanto ingreso en prisión se dieron cuenta que era un enfermo mental y lo destinaron a la enfermería, donde convive desde entonces con otros enfermos de diversas patologías, sean enfermedades coronarias, otros con sida o hepatitis, o enfermedades mentales.

Este chico se llama J.A.M. y tiene recién cumplidos 31 años. Ha sido condenado a cinco años de prisión por la Audiencia Provincial de Málaga. He leído varias veces su sentencia y me sigue poniendo la piel de gallina y los pelos como escarpias. No entiendo que este país pueda presumir de  democracia y de que sea un país con derechos, cuando hasta a los locos por hacer locuras los meten en la cárcel y los magistrados ni se inmutan, ni se ponen colorados.

Quizás es que no sepan, porque no están bien informados, de que en las prisiones no les dan ningún tratamiento especifico, si no que sólo el que traen ellos de sus especialistas del exterior. En las enfermerías de las prisiones no hay seguimiento de su mejoría o empeoramiento de su enfermedad, solo tranquilizantes para que estén sedados.

Vamos que las prisiones son prisiones y no Centros de Salud Mental. Para los enfermos de medicina general es un problema convivir con los que tienen psicopatías mentales. Los pobres ‘loquillos’ se ven incomprendidos en sus locuras y son excluidos por los otros compañeros

¿Cómo se puede solucionar esto? Pues no lo sé, y gracias a Dios no me toca a mí hacerlo, pero de lo que sí estoy seguro es que en este caso sí existe una eximente porque esta claro y demostrado que hay una enfermedad mental. No es justo ni lógico que se meta a estos pobres enfermos en la cárcel. Pudiera ser que los jueces crean  que los enfermos mentales se van a redimir y reinsertar en la prisión. O sea que se curarán. Claro que quizás yo estoy equivocado. ¿Será porque llevo ya muchos años preso?

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5 comentarios sobre “Los locos también lloran

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  2. hola jorge, leo tu comentario y yo me pregunto:¿es que los jueces se preocupan si estas realmente enfermo? Pues no, sólo le sirve tu has hecho, pues pa dentro a buscarte la vida como puedas que yo a las 2 me voy a casa. Esto es una verguenza. Venga a mandar ayudas pa fuera y no acordarse de destinar más medios a la gente que está dentro de prisión para que realmente se pueda curar de su mal que en realidad es lo que se pretende. Un saludo y animo

    1. Mira zaidinero, creo, y lo digo por mi propia experiencia, que es una aberración meter en la cárcel a un enfermo mental. Se supone que en España, el objetivo de la cárcel es la reinserción del interno pero nunca curar una enfermedad mental. Entonces, ¿por qué no los llevan a sanatorios psiquiátricos?

  3. En este pais no se piensan las cosas, somos muy cuadriculados, y aunque muchos nos damos cuenta de casos como el que cuentas y el gobierno también es conocedor no se hace nada por arreglarlo, una verdadera vergüenza.

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