[Redacción]
Tal vez se le tenía que haber aplicado antes el indulto parcial que le concedió el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a Miguel Montes Neiro, pero también es verdad que a este señor se le han dado oportunidades y cada vez que ha salido ha cometido algún tipo de delito. Dejo una pregunta en el aire: ¿Qué pasa con el resto de la población reclusa a la que no se le concede una medida de gracia?
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Ojalá todos los presos de España pudieran beneficiarse de un indulto concedido por la presión del entorno social, desconocedor de la verdadera realidad penitenciaria. A título compasivo, justo el indulto; a título plural, una injusticia.
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Partiendo de una análisis estríctamente jurídico, puede considerarse una barbaridad estar encerrado más de treinta años en la cárcel. Pero él, con su conducta y con su reiterada actividad delictiva, se ha hecho acreedor de esa permanencia en prisión. Dura lex, sed lex.
Desde una perspectiva humana se puede pensar que ha tenido bastante con la pena de prisión que lleva cumplida, y que es justa la concesión del indulto. Pero es un agravio comparativo para toda la población reclusa de este país, sobre todo para los presos primarios, presos condenados por delitos sin sangre, presos condenados por delitos que hace unos años eran sanciones administrativas y, en especial, para los presos con penas consideradas menos graves por el Tribunal Constitucional, hasta un máximo de cinco años.
Si analizamos la conducta de cada uno de estos colectivos de presos, podremos comprobar que tienen más condiciones humanas y requisitos legales para obtener dicho indulto que el citado señor.
Los medios de comunicación, con su simplificación de las cosas y con su demagogia habitual, han hecho mártir a una persona que no ha hecho méritos para la obtención de beneficios. No hay más que ver su reiterada actividad delictiva y sus innumerables antecedentes penales.

