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Querida hija:

Andaba descalzo por la cubierta de los sueños, cuando llegaste a nuestras vidas como una estrella radiante, para iluminar nuestros senderos con tu alegría. A los pocos años acostumbraba a leerte cuentos antes de dormir. Te acurrucabas en nuestra cama entre tu madre y yo, y juntos leíamos tus cuentos preferidos. Uno de ellos, el que más te gustaba era Jim Botón y la Princesa de Michael Ende. El primer capítulo se titulaba La princesa Li y siempre decías: ¡Esa soy yo, esa soy yo!, aunque tu personaje favorito llegó a ser el extraño Sr. Manga. Yo, cada noche, algunas veces rendido por el trabajo del día, continuaba con la mayor calma la lectura:

¿Es esta la isla de Lummerland – quiso saber la voz.

Este es nuevo Lummerland – aclaró el señor Manga ― ¿Quién es usted?

Soy el cartero. He perdido el rumbo bajo la lluvia y mi barco ha encallado.

¿No tiene importancia, pero baje usted el correo, señor cartero!

Me gustaría, pero tengo un saco lleno de cartas.

Y entonces tú me lanzabas una mirada y, con una sonrisa, me preguntabas

Señor cartero ¿tiene usted una carta para mí? – y yo te contestaba siempre que sí, que siempre había una carta para ti…

Quería quedar en tu memoria como el padre que cumplía todos tus deseos. Me esforzaba en abrazarte, en mirarte a los ojos siempre que me hablabas, en llevarte en brazos hasta que ya no pude cargar contigo, en besarte las sienes sin cansarme; darte el mismo amor y el contacto físico que yo recibí.

Por las noches te escapabas de tu cama, en pijama y venías de puntillas a mi lado mientras trabajaba en mi despacho. Te acercabas por detrás, ponías tu barbilla sobre mi hombro y me preguntabas con picardía: “¿Tiene usted una carta para mí, señor cartero?”, y yo te contestaba: “Sí, princesa, tengo una carta de amor para usted”, al tiempo que garabateaba sobre un trozo de papel un Te quiero mucho, y te lo entregaba.

Recuerdo que por aquel entonces fue la caída de tu primer diente. El resto de ese día lo pasaste yendo y viniendo al espejo, poniéndote colorada y decías que no irías a la escuela hasta que no te saliera el diente nuevo. En la noche no podías dormir. Tus ojos muy abiertos miraban a los míos. Querías que te asegurase que un nuevo diente crecería esa noche mientras dormías.

Al día siguiente, muy temprano, fui a comprarte un pequeño piano que habíamos visto y que te hacían ilusión. Recuerdo que después de que te lo dimos, recuperaste la alegría y tu risa volvió a ser chispeante y con una gracia particular por la mella del diente.

Quise ir guardando en tu memoria buenos recuerdos y fui acumulando entrañables experiencias con la ilusión con que se atesora un hermoso ajuar. Quise formarte para que fueras buena y feliz, sin perder la libertad. Que estuvieras preparada para la larga vida que nunca disfrutaste. ¡Cuánto te echo de menos!

Inconscientemente creí que podía planear el futuro, pero fue al contrario, el futuro se acercó a traición disfrazado de amor, cambiando nuestros planes. Me hice ideas falsas sobre la vida. Sin saberlo entonces, estaba creando esos recuerdos, no para ti, sino para mí, porque ya no estás y son esos recuerdos los que ahora llenan mi corazón deshabitado.

Los años de tu infancia transcurrieron fugaces. Te convertiste en una linda señorita. Día y noche junto a tu madre, te cuidamos. Quería que cuando yo marchara, cuando quedara dormido para siempre, me recordaras como un padre bueno, el más entregado, el mejor.

Tocabas el piano para mí y te esforzabas en encontrar melodías de mi agrado para, con una sonrisa de orgullo por haber logrado ejecutarlas, buscar la mía.

He ido al Centro Comercial y visitado la tienda de pianos, para cambiar el pedido del piano nuevo. El gerente me preguntó el motivo, y mi respuesta fue que ya no volverías a tocar el piano nunca más. ¿Qué iba a decirle? Un cliente me escuchó y me miró con descaro.

Quiero que sepas que una de las tortugas que creíamos macho, ha puesto cuatro huevos cerca de dónde plantaste los huesos de dátiles. La tarde anterior tu madre la notó inquieta, no cesaba de moverse, luego se pasó toda la tarde excavando en un hueco con las patas traseras. Cuando los cuatro huevos salieron, descansó un poco antes de comenzar a taparlos con la misma tierra que había sacado.

¿Sabes? He cambiado las pilas del piano, con el que tantas melodías me regalaste, y le lanzo miradas de ternura por si tú también, al mirarlo, las encuentras.

¡Herida en el pecho!― gritó alguien mientras te llevaban al quirófano. Cuando te llevaban, te susurraban: ¡Corre, hija mía, corre, no dejes que la muerte te alcance!

¡Huye, toma mi mano, ásete a ella, cerraré los puños y no dejaré que te lleve! Estoy contigo. Estamos juntos.

Mentira, todo mentira…empapado de dolor, no pude más que intentar detenerte con mis besos, durante los minutos que se abrían aquellas puertas y llorar mi impotencia, mientras la muerte, con su entrada triunfal fue bebiéndose tu aliento frente al rencor de mis ojos, ante su presencia.

Ahora tendido en el recuerdo paso horas aceptando lentamente tu ausencia en mi interior, Hoy lanzo tu nombre como llamada al aire vacío que me envuelve y no oigo respuesta porque el eco lo rompe.

Al entrar en la capilla, sé que nos miraron. Te colocaron junto a ellos delante del altar, como testimonio de sangre y dolor. Quise ocupar tu lugar, pero no pude. Tu madre se había apagado como una flor marchita. Caricias sobre mis hombros. Caricias que yo no quería porque la sentía arañarme.

A mis pies sólo veo la brecha de mi fracaso. Mi rostro, prematuramente muerto sólo mira ya hacia mí mismo. Llevo la culpa grabada en mi mente y en mi corazón. En mi afán de demostrarte mi amor, de enseñarte lo precioso de ese sentimiento, olvidé alertarte prevenirte sobre otras clases de amor. Debí hacerlo el día que me contaste como anécdota que tu novio, aquel joven de aspecto inocente, de quien te enamoraste perdidamente, había discutido con uno de tus compañeros de clase sólo por saludarte, y que se había enfadado con otro sólo por sonreírle.

Como padre fracasé al no advertirte entonces, que prestaras atención a esas señales, y que si notabas que se repetían, huyeras de ese amor. ¡Huye de los celos que se esconden detrás de una cortina de amor!― debí decirte. ¡Huye de los celos que enamoran la inteligencia con interrogantes, sospechas y miedos que mortifican tu dignidad con indagaciones, lamentos e insidias que te harán sentir despojada y ridícula! ¡Huye de quien, en nombre del amor se cree con el derecho de convertirse en policía, inquisidor y carcelero! ¡No temas! Debí aconsejarte… no temas ceder a la indignación que te impulsa a cerrar la puerta tras de ti, después de dejar las llaves encima de la mesa. Todo eso debí decirte. Para todo eso y más, debí prepararte…

Esta noche se ha arrugado el papel de mi corazón. Leo incansablemente tu cuento preferido e intento llenar sin conseguirlo, ese hueco hondo y vacío, memorizando tu imagen junto a mí, con tu cabeza sobre mi hombro, preguntándome si hay una carta para ti… yo, como siempre, te contesto con lágrimas que sí. Que siempre habrá una carta de amor para ti, por si estás allí, con tu mejilla junto a la mía y puedes leerla…

Jorge Real Sierra

¿Si en un trabajo la recompensa final es una remuneración económica, en un voluntariado cual es? ¿Sentir que ayudas a los demás regalando tu tiempo? ¿Y no dicen que el tiempo es nuestro bien más preciado y lo único que no recuperamos?

Con lo cual, desde una posición de poder, podríamos decir que yo te ayudo regalándote mi tiempo porque tú lo necesitas, así que el protagonista de la acción pasa a ser el voluntario y no aquellas personas por y para las que se lleva a cabo la intervención. Aquí llega uno de los primeros inconvenientes del voluntariado, ya que a fin de cuentas, podríamos decir que es una labor que realizas con el objeto de autoayudarte. Considero que debería ser más un enfoque desde el compartir. Una relación de horizontalidad dentro de la cual cada persona adquiere el protagonismo y personaje que desea interpretar en ese momento.

Al hacer un alto en el camino y buscar en todas las direcciones, no encuentro la respuesta por ninguna dirección. Me resulta intrigante pensar desde dentro hacia fuera y desconcertante imaginar a través de las rejas.

Hace tres años crucé por primera vez el sin fin de puertas y me adentré en un mundo totalmente desconocido para mí. Comencé el camino a través de unas prácticas, continué como voluntario, seguí como coordinador de voluntariado y terminé como director de los proyectos llevados a cabo por el voluntariado de la asociación PIDES en el Centro Penitenciario de Albolote. Y hoy, sin saber lo que soy, creo que las palabras más acertadas serían; ¡Muerte al voluntariado!

Considero que el voluntariado es un laste que viene arrastrando desde hace mucho tiempo la mayoría de ámbitos relacionados con la intervención social. Esta afirmación la hago yo, quien coordina a más de 15 voluntarios que están trabajando actualmente en ocho módulos diferentes. Pero ahí está la cuestión y una de mis respuestas; están trabajando. Aunque dicen que las palabras se las lleva el tiempo, creo que hay que llamar a las cosas por su nombre. Creo que ha llegado el momento de reivindicar el lugar que le corresponde a todas las profesiones relacionadas con temas sociales. Dicho esto, en nuestra asociación no actuamos bajo la denominación de voluntariado sino desde una perspectiva de trabajo no remunerado. Ya sea por la crisis, porque hay otros espacios donde es más importante invertir o simplemente por nuestra incapacidad de buscar todos los recursos necesarios.

Lo que si tengo claro, que cada día que nos levantamos y cruzamos las puertas, nos adentramos en este lugar para intentar profesionalizar nuestro trabajo. Por que cuando eliges este camino, te vas a encontrar con cientos de personas y miles de historias y por respeto hacia ellas hay que luchar por dignificar el trabajo de la intervención social.

Destacar también, que en estos tres años, el trabajo no ha sido remunerado económicamente, pero he cobrado en experiencias, sensaciones, miradas, historias de vida, lágrimas, tertulias, risas y momentos inolvidable e irrecuperables. Todo ello, por la ilusión que hace que día a día prepare mi trabajo para acompañar a las personas con las que me encuentro y comparto este camino. Y llegados a este punto y después de mucho reflexionar me cuestiono; ¿Si algún día llega la remuneración económica desaparecerá al despertar la ilusión por lo que hago? Si esto ocurre será porque mi camino aquí ha terminado y entonces emprenderé un nuevo viaje. Mientras tanto, sigo luchando por aquella mirada que me cruce un día al entrar y me dijo tanto.

Fdo: Un voluntario que no lo es.

Antonio Pérez Bermúdez

(Asociación PIDES)

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Un segundo, por favor. Una pizca de atención. Solo unas concisas instrucciones. Luego volvemos a hablar.

Primero-. Tumbaos, sentaos, poneos cómodos en la cama o el suelo de nuestro chabolo, así, como lo hago yo.

2-. Aseguraos, otra vez, de que seguimos aquí, tan nosotros, que seguimos respirando. De eso se trata.

3-. Extended vuestros brazos hacia arriba, los dedos también mirando al cielo/techo, y ahora posad mano izquierda en pecho derecho y derecha en abdomen/ombliguillo.

4-. Cerrad los ojos y dejad pasar unos segundos.

5-. Ahora, inspirad profunda y lentamente por la nariz, solo por ella, (imaginaos como lo haría una enorme tortuga galápago) vuestro pecho se ha vuelto redondo, sois una galápago, cómo iba a estar sino? tan inflado, que ahora tenéis que vaciarlo, espirando por la boca, solo por ella, de igual modo, lenta y profundamente hasta que vuestras costillas se alcen orgullosas.

6-. Repetid el ciclo con parsimonia, bailando suavemente la respiración, inspira-espira.

7-. Agarraos ahora, que llega la curva. Ya somos una gran tortuga, muy bien, y bailamos, mejor. Ahora necesitáis vaciar vuestra cabecita de todo lo de siempre y de ahora y os vayáis adentrando, sin prisa, sin pausa, en una playa(o en vuestro sitio más preferido y pacífico). Ponedle sus palmeras, su arena y espuma exquisitas, y sentid las pequeñas cosas que necesariamente os hagan llamarla paradisíaca. Componed vuestra única y propia imagen del paraíso.

8-. Bailad vuestra respiración al son de vuestras olas. Disfrutad de este paraíso en el que podéis estar solos o con ese hijo o amigo o quienquiera que vuestro sea.

9-. Disfrutad de este momento todo lo que podáis.

10-. Aseguraos de que solo, simple y profundamente vuestra alma, pensamiento, energía, se encuentran en ese lugar. Convertirlo en vuestro bucólico hogar.

Último-. Aguardad ahí, aguardad, aguardad y regocijaos, qué fácil sería aguardar así, en esto que ya dejó de ser cama o suelo hasta volver a oler el verdadero mar.

Este es el mensaje sin botella, el instrumento de evasión que nos proporcionaron dos jóvenes psicólogas, para olvidarnos por un momento de estos muros y recuperar un poco de paz.

Encuadrado dentro de este Taller de Higiene del Sueño, esta herramienta servirá para simplemente relajarnos, y asi ayudarnos a conciliar nuestro sueño, si le restáis los pasos del 7 al 10. El Taller, dividido en tres sesiones, preparadas y pasadas a papel por nuestras visitadoras, nos informó acerca de la naturaleza del ciclo vigilia-sueño, haciéndonos ver la diferencia entre el sueño ligero, profundo y la fase REM, la más profunda y reparadora de todas. Luego vino el insomnio, nuestro común problema de preso. Nos hablaron y escucharon acerca de los problemas que causan a este y sobre que consecuencias acarrea la falta de sueño en un coloquio activo, dinámico y lleno de curiosidad mutua entre ellas y nosotros.

Y de pronto, surgió una pequeña riña en torno al problema de la empatía. Nos costaba pensar, a los internos, en su capacidad, de las externas, para ponerse en nuestra piel, para comprender vívidamente como pasa el tiempo entre hormigones, tiempo que solo nosotros, pensamos, hemos interiorizado deslizándose bajo nuestra piel sin apenas una caricia. Pero lo intentaron, las externas, de corazón, se notaba la sorpresa en sus miradas. Fue reconfortante. Muchas gracias.

Nos aconsejaron, para conciliar el sueño correctamente, alejarnos, en lo posible, de la siesta, de las excitantes cafeína y teína en la tarde noche, pues alejarán nuestra hora de dormir. Resulta curioso que comer por la noche o hacer ejercicio físico de noche activa el metabolismo y también nos dificultará el sueño.

Nosotros, yo al menos, intentaba cuadrar estos consejos con el hecho de permanecer 15 aburridas horas chapado, y la verdad me costó en su momento y no termino de captarlo. Pero prometo intentarlo, simplemente es por nuestro descanso. Una pequeña lucha en favor de nuestra salud.

Os cuento esto escuchando “Rat Race”, (Guerra de Ratas). La guerra que batallamos ahí fuera, tan injusta, tan de ratas, tan moderna, guerra que, en uno u otro aspecto, perdimos. Ahora intentamos rememorarla y encontrar como afianzaremos nuestras trincheras mañana, cuando salgamos, para esta tarea necesitamos dormir, nuestro descanso, por ello, muchas gracias. Nada más, simplemente escucho al liberador Bob Marley: “Don´t forget your history”.

Óscar Principiam

Módulo 7

Rocío mi niña bella – Por Mª Nieves

Publicado: 16 noviembre, 2014 en Mª Nieves
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Cuando pronunció tu nombre

mi alma fluye como un rió,

como una mañana fresca

así es tu nombre Roció.

Cuando pronuncio tu nombre

despiertan mis emociones,

siento tanta ternura

tu nombre me huele a flores

Eres como una estrella

que alumbras mis pensamientos,

como gotas de agua pura

limpiando mis sentimientos

Rocío de la mañana

Rocío niña morena

Rocío mi niña bella…

M º. Nieves

Módulo 10

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Nos remontamos a la Granada de los años veinte del siglo pasado, concretamente al año 1923, fecha en la que la adinerada Sra. alemana Berta Wilhelmi Heimrich, consigue una licencia del ayuntamiento de la ciudad, y una concesión de terrenos públicos en la bella Sierra de la Alfaguara de Alfacar, para edificar un sanatorio en el que poder tratar a los muchos infectados por tuberculosis, evitando así que se contagiasen sus familiares. La labor fue aclamada y divulgada por toda la prensa de la época, y recibió donaciones de multitud de sociedades filantrópicas y de particulares como la reina Victoria Eugenia.

Médicos de gran prestigio como D. Alejandro Otero, impulsaron desde allí tratamientos pioneros para prevenir y tratar, la “Muerte Blanca“, un mal que no tenía cura efectiva, ni vacunas, en ese momento. Poco se podía hacer salvo darles una muerte digna. En 1925 se hizo en sus aledaños un preventorio para niños contagiados, que se inauguró con el nombre del fallecido hijo de Berta, Luís Dávila Heimrich, piloto militar de la base aérea de Armilla. Ese mismo año Berta reclutó a la misteriosa Sra. Elena Wickman.

El hospital contaba con 29 camas, pero en sus salones-solarium se habilitaron 22 más, para atender casos graves. Disponía de quirófano, salas de curas, duchas con agua caliente, capilla, comedores, crematorio, servicio postal, cementerio, y comodidades raras en su época. Todo funcionó hasta 1935, año que muere doña Berta, ahorcada, y según otras fuentes, de muerte natural. Pero antes de eso y ya desde 1934, tras sufrir el engaño fatal de su segundo marido (capataz de una fábrica de papel heredada por ella), todos sus allegados cuentan que perdió la razón, y que se rodeó de videntes, espiritistas, y gentes de dudosa condición, hasta aprender oscuras artes y morir maldiciendo a todos. Su antigua amiga Elena Wickman, se hizo cargo del hospital hasta 1936, año en que fue ocupado por las tropas nacionales, que lo usaron como acuartelamiento y hospital.

En 1939 doña Elena retomó aquel centro que reabrió para su uso tradicional y funcionó hasta 1955, fecha en que se cierra por falta de pacientes, dado que al aparecer la valiosa estreptomicina y otros fármacos revolucionarios, el número de contagiados disminuyó drásticamente y ya no era rentable mantener abiertas sus puertas

Antes, en 1952, la prensa local se hace eco de un asunto muy misterioso, que sigue sin esclarecerse, a pesar de lo mucho que se investigó. Los pacientes repetían que sombras fantasmales, ruidos sin explicación, un alarmante aumento del número de suicidios, y un ambiente poco amistoso, se adueñó de las instalaciones. Incluso desapareció un guardés, y un paciente, que se dio por fugado, pero estaba en condiciones de postración. En 1958, la orden jesuita lo alquila como residencia de verano y retiro espiritual hasta 1960, que se van por multitud de fenómenos “diabólicos” según sus palabras. Desde 1961 a 1974, pasa por varios arrendatarios, pero ninguno duró allí mucho tiempo, hasta que de 1975 a 1982, el ayuntamiento de Granada hizo una colonia de verano para campistas y scouts.

En 1983 se cierra definitivamente y actualmente se conservan apenas ruinas.

En 1986 un guarda forestal se suicidó en los cipreses que dan entrada al recinto, dejando una nota escueta: “Ya no soporto los gritos, ni la imagen de los que aquí murieron”. Desde 1993, se reportan gritos fantasmales, fotografías donde se cuelan seres inanimados, y experiencias de vehículos aparcados que aparecen en sentido opuesto al que se les dejó, además de numerosos fenómenos extraños y psicofonías. Se habla de los espíritus del sacerdote, de las alemanas, de niños, e incluso de la silueta de perros. Han desaparecido un montañero y dos senderistas en esa zona, los pinos han muerto por hongos y no se escuchan ni los pájaros. Sin duda es un lugar sin paz, todo un portal a lo desconocido.

Juan J. Simón García

M-13