Rocío mi niña bella – Por Mª Nieves

Publicado: 21 mayo, 2014 en Mª Nieves
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Cuando pronunció tu nombre

mi alma fluye como un rió

como una mañana fresca

así es tu nombre Roció

Cuando pronuncio tu nombre

despiertan mis emociones

siento tanta ternura

tu nombre me huele a flores

Eres como una estrella

que alumbras mis pensamientos

como gotas de agua pura

limpiando mis sentimientos

Rocío de la mañana

Rocío niña morena

Rocío mi niña bella.

 

 

La mayoría sabemos que la historia del origen de la vida y de su evolución es fantástica. Conocemos algunos datos sobre las estrellas y los astros que resumen más o menos lo que nos han enseñado en la escuela y forma parte del bagaje cultural que nos acompaña, pero muchos reconocemos nuestra ignorancia respecto a algo tan vasto como el mismo universo. Es por eso que tener la oportunidad de emprender un corto viaje por el espacio y contemplar aunque sea por unos minutos parte del universo al que pertenecemos, acompañado de imágenes y de un guía de excepción como el Prof. Vicente López, dedicado a la docencia en física, astrofísica y astronomía, ha sido un verdadero placer y un honor.

El profesor López, aparte de académico, un gran comunicador, vino con la ilusión de aportarnos algo nuevo y valioso y nos presentó una cosmovisión que difiere mucho de la que se tenía hasta hace unos quinientos años, la cual aceptaba que todo el universo resultó ser un acto de creación divina. Entonces se creía que el universo siempre había sido inmutable, estático y, por ende, seguro. Así ocurrió que aceptamos la ciencia de Aristóteles como un dogma durante más de mil años. Algunas personas se negaron a mirar a través del telescopio de Galileo por miedo a tener que cambiar sus creencias. Así era el mundo entonces.

Nuestro excelso visitante comenzó por explicarnos la importancia de las pruebas basadas en las mediciones de las distancias, pruebes que se pueden repetir y verificar. Y es ahí donde estriba el poder y la fecundidad de la ciencia. Nos relató luego la historia del universo a través de un paseo por las galaxias apoyado con innumerables y bellas imágenes de galaxias, nebulosas y de incontable millones de estrellas.

La labor del profesor López es de suma importancia. Vivimos en un mundo poblado de instrumentos refinados y sensibles; gigantescos aceleradores de partículas estudian las dimensiones más pequeñas de la materia, máquinas especializadas analizan las moléculas de la vida; grandes telescopios en la Tierra y en el espacio estudian los lugares más remotos del universo. No son lujos destinados a satisfacer meramente las aspiraciones académicas de unos pocos, sino iniciativas necesarias para garantizar nuestro progreso y nuestra supervivencia. En un mundo irrevocablemente dependiente de la tecnología, la democracia solo puede funcionar con una población informada sobre la ciencia. Sin este conocimiento es imposible juzgar el valor de las misiones espaciales, la necesidad de reducir las emisiones de dióxido de carbono, la posibilidad de usar armas nucleares para defendernos de un posible impacto asteroidal o el efecto de de los alimentos modificados genéticamente.

De lo que estamos seguros es que después de la exposición sobre el cosmos del profesor López, la próxima vez que contemplemos una anaranjada puesta de sol, o que miremos al firmamento, lo haremos con ojos diferentes y que hagamos lo que hagamos con nuestras vidas, quizás examinaremos un poco más la incidencia de nuestros actos sobre la delicada biosfera, por diminuta que nos parezca.

 

Dando vueltas doy, caído,
en realidad sumergido.
De repente me veo henchido;
de flotar, paso a ir erguido…

Preferiría un camino
bien asfaltado y dirigido,
cunetas donde darme un respiro
y un “bienvenido a”, que me evoque un suspiro.

Con pies sobre olas, cual Dios Hijo
y aún viendo horizonte fijo
no avanzaré, si hacerlo exijo
sobre soporte tan prolijo.

¡No es de recibo, opino,
este ondulante desatino;
que se sucedan, hilando tan fino
cambios de humor del destino!

Mas si a mi mismo no me obligo
a ir viendo por dónde piso
no aprovecharé este aviso
para ganarme un suelo liso…

 

El día 24 de abril, con motivo de la celebración del Día del Libro, asistí a un acto en el auditorio del Sociocultural en el que se dio lectura a fragmentos de Don Quijote. Por ser el ganador del último certamen literario del centro, me correspondió abrir y cerrar la lectura donde intervinieron 45 internos. El acto fue muy emotivo, y en lo personal me causó enorme satisfacción, ya que entre las personas que leyeron la excelsa obra de Cervantes, se encontraba el poeta Juan Chirveches y el Director del Centro Penitenciario de Albolote, don Jaime Hernández Alonso, de quien recibí hace muchos años mi primer premio literario.

Pensé en ese momento que el tiempo coloca todo en su lugar. Durante estos años en prisión me convertí en escritor, y gracias al apoyo de muchas personas como él, mi vida dio un cambio radical. Llevo escritos y publicados tres libros en prisión los cuales han sido traducidos a varios idiomas. No menciono esto por simple vanidad, sino porque fue aquel premio literario que recibí hace casi diez años de las manos de don Jaime, lo que me animó a seguir escribiendo. Siendo él director del centro penitenciario escribí y publiqué mi primera novela, por ello, leer fragmentos del Quijote en el mismo acto, a su lado, cerró un círculo del cual estoy orgulloso.

En el acto recordamos a Gabriel García Márquez, quien nos dejó recientemente, y como expresé en ese momento, si en el cielo o el más allá, existe un lugar reservado a grandes escritores y poetas, seguro estoy que Cervantes y Gabito estarán charlando animadamente, orgullosos de lo que nos dejaron.

Desde hace unos meses tengo el honor de contribuir en la redacción y en el blog de la revista “El Mako”, del Centro Penitenciario de Albolote. Al leer los mensajes que nos envían me he encontrado con la sorpresa de leer nombres que me resultan familiares, entre ellos el de Paloma Contreras, con quien tuve el placer de trabajar durante una temporada en la emisión del programa de radio “El Zapato Roto” que transmite UNIRADIO, la radio de la Universidad de Huelva, y de Álvaro Caputto, “El Caífa” locutor y productor de la Noche Sonámbula, así como muchas otras personas que me han tendido la mano durante todos estos años. Como es casi lógico pensar, el día que salgamos de prisión, muchos desearemos olvidar nuestra estancia en estos lugares. Desearemos y querremos poner el contador a cero y comenzar de nuevo. Sin embargo, estoy seguro de que siempre recordaré con cariño a todas y cada una de esas personas y amigos (la lista sería interminable), que durante tantos años me han obsequiado su apoyo y afecto, en esta época tan difícil de mi vida. A todos ellos: GRACIAS.

 

Queremos con estas líneas darle un último adiós, ofrecer un modesto homenaje, con todo nuestro cariño y admiración a un gran artista.

Paco de Lucía, cuyo nombre real era Francisco Sánchez Gómez, nació en Algeciras en 1947, en el seno de una familia dónde el arte se lleva en las venas.

Un artista que a la temprana edad de 7 años comenzó a tocar la guitarra. Hijo de Lucía “La portuguesa”, y de Antonio Sánchez, quien fue su primer profesor de guitarra, hermano del guitarrista Ramón de Algeciras, y del cantaor Pepe de Lucía, padre de la cantante Malú.

En los años 70 formó una banda y colaboró con numerosos artistas, uno de los más destacados fue Camarón de la Isla, con quien realizó discos, que han sido considerados obras de arte.

La relación de Paco con su guitarra no era muy diferente, a la del toro y el torero, amor y odió, respeto y miedo. Esto lo comenta su Luthier Felipe Conde, componente de la tercera generación de unos históricos guitarreros madrileños. Felipe recuerda como se quedaba embelesado escuchando al joven llamado a ser un mito.

Paco, como todos, solía tocar una guitarra de madera de ciprés, pero un buen día, como revolucionario que fue de la música, lo cambió todo, comenzó a cambiar la forma de tocar, y para tocar en los grandes escenarios, pidió a mi padre una guitarra con más fuerza, más pegada.

Así del taller de los hermanos Conde salió, esta vez una guitarra, hecha con madera de Palo Santo de Madagascar, tapa de pino abeto alemán, diapasón y mango de cedro, era algo mucho más contundente que lo convencional.

Entre las muchas innovaciones que Paco introdujo se encuentran la de estos instrumentos: el cajón peruano, el bajo eléctrico, la flauta travesera…y también se le debe atribuir a él la guitarra de concierto.

Entre sus pasiones además de la música estaban sus mujeres; huyó a Ámsterdam en 1977 para poder casarse con Casilda Varela, hija de un general, con la que tuvo tres hijos: Casilda, Lucía, y Curro. Tras separarse de Casilda compartía su vida con Gabriela Carrasco, una licenciada de bellas artes que conoció en uno de sus viajes a México, y que le dió dos hijos más, Antonia y Diego. El amor entre ellos era un amor incondicional se apoyaban mutuamente, eran como dos niños, ella vivió para Paco 24 horas al día siempre pendiente de sus hijos y de todos lo detalles. El último tema en el que trabajó junto con su amigo D’Anyelica, músico como él, fue un bolero titulado: “Me extraña, mi amor que no me extrañes”, el cual hoy se ve como metáfora para su viuda y sus seres queridos.

Hoy en mi interior, siento como el vació queda después de esta perdida, pues el genio que nos hizo amar la guitarra, disfrutar del arte que él derramaba en cada actuación se ha ido y será difícil de sustituir o hallar otro igual. Siempre quedara su recuerdo en un rinconcito de mi corazón, adiós maestro.

El artista que falleció victima de un infarto mientras pasaba unos días de descanso en México el día 26 de Febrero del 2014 fue despedido por sus familiares y amigos, para los que no hay consuelo al igual que una perdida irreparable para la música y el flamenco.

La vida que nos lo presto por un tiempo para que llenara este mundo de belleza y arte con su música ahora selo lleva… Gracias por todo…y buen viaje.