Captura de pantalla 2014-11-15 a las 20.40.29

Un segundo, por favor. Una pizca de atención. Solo unas concisas instrucciones. Luego volvemos a hablar.

Primero-. Tumbaos, sentaos, poneos cómodos en la cama o el suelo de nuestro chabolo, así, como lo hago yo.

2-. Aseguraos, otra vez, de que seguimos aquí, tan nosotros, que seguimos respirando. De eso se trata.

3-. Extended vuestros brazos hacia arriba, los dedos también mirando al cielo/techo, y ahora posad mano izquierda en pecho derecho y derecha en abdomen/ombliguillo.

4-. Cerrad los ojos y dejad pasar unos segundos.

5-. Ahora, inspirad profunda y lentamente por la nariz, solo por ella, (imaginaos como lo haría una enorme tortuga galápago) vuestro pecho se ha vuelto redondo, sois una galápago, cómo iba a estar sino? tan inflado, que ahora tenéis que vaciarlo, espirando por la boca, solo por ella, de igual modo, lenta y profundamente hasta que vuestras costillas se alcen orgullosas.

6-. Repetid el ciclo con parsimonia, bailando suavemente la respiración, inspira-espira.

7-. Agarraos ahora, que llega la curva. Ya somos una gran tortuga, muy bien, y bailamos, mejor. Ahora necesitáis vaciar vuestra cabecita de todo lo de siempre y de ahora y os vayáis adentrando, sin prisa, sin pausa, en una playa(o en vuestro sitio más preferido y pacífico). Ponedle sus palmeras, su arena y espuma exquisitas, y sentid las pequeñas cosas que necesariamente os hagan llamarla paradisíaca. Componed vuestra única y propia imagen del paraíso.

8-. Bailad vuestra respiración al son de vuestras olas. Disfrutad de este paraíso en el que podéis estar solos o con ese hijo o amigo o quienquiera que vuestro sea.

9-. Disfrutad de este momento todo lo que podáis.

10-. Aseguraos de que solo, simple y profundamente vuestra alma, pensamiento, energía, se encuentran en ese lugar. Convertirlo en vuestro bucólico hogar.

Último-. Aguardad ahí, aguardad, aguardad y regocijaos, qué fácil sería aguardar así, en esto que ya dejó de ser cama o suelo hasta volver a oler el verdadero mar.

Este es el mensaje sin botella, el instrumento de evasión que nos proporcionaron dos jóvenes psicólogas, para olvidarnos por un momento de estos muros y recuperar un poco de paz.

Encuadrado dentro de este Taller de Higiene del Sueño, esta herramienta servirá para simplemente relajarnos, y asi ayudarnos a conciliar nuestro sueño, si le restáis los pasos del 7 al 10. El Taller, dividido en tres sesiones, preparadas y pasadas a papel por nuestras visitadoras, nos informó acerca de la naturaleza del ciclo vigilia-sueño, haciéndonos ver la diferencia entre el sueño ligero, profundo y la fase REM, la más profunda y reparadora de todas. Luego vino el insomnio, nuestro común problema de preso. Nos hablaron y escucharon acerca de los problemas que causan a este y sobre que consecuencias acarrea la falta de sueño en un coloquio activo, dinámico y lleno de curiosidad mutua entre ellas y nosotros.

Y de pronto, surgió una pequeña riña en torno al problema de la empatía. Nos costaba pensar, a los internos, en su capacidad, de las externas, para ponerse en nuestra piel, para comprender vívidamente como pasa el tiempo entre hormigones, tiempo que solo nosotros, pensamos, hemos interiorizado deslizándose bajo nuestra piel sin apenas una caricia. Pero lo intentaron, las externas, de corazón, se notaba la sorpresa en sus miradas. Fue reconfortante. Muchas gracias.

Nos aconsejaron, para conciliar el sueño correctamente, alejarnos, en lo posible, de la siesta, de las excitantes cafeína y teína en la tarde noche, pues alejarán nuestra hora de dormir. Resulta curioso que comer por la noche o hacer ejercicio físico de noche activa el metabolismo y también nos dificultará el sueño.

Nosotros, yo al menos, intentaba cuadrar estos consejos con el hecho de permanecer 15 aburridas horas chapado, y la verdad me costó en su momento y no termino de captarlo. Pero prometo intentarlo, simplemente es por nuestro descanso. Una pequeña lucha en favor de nuestra salud.

Os cuento esto escuchando “Rat Race”, (Guerra de Ratas). La guerra que batallamos ahí fuera, tan injusta, tan de ratas, tan moderna, guerra que, en uno u otro aspecto, perdimos. Ahora intentamos rememorarla y encontrar como afianzaremos nuestras trincheras mañana, cuando salgamos, para esta tarea necesitamos dormir, nuestro descanso, por ello, muchas gracias. Nada más, simplemente escucho al liberador Bob Marley: “Don´t forget your history”.

Óscar Principiam

Módulo 7

Rocío mi niña bella – Por Mª Nieves

Publicado: 16 noviembre, 2014 en Mª Nieves
Etiquetas:,

Captura de pantalla 2014-11-15 a las 20.32.29

Cuando pronunció tu nombre

mi alma fluye como un rió,

como una mañana fresca

así es tu nombre Roció.

Cuando pronuncio tu nombre

despiertan mis emociones,

siento tanta ternura

tu nombre me huele a flores

Eres como una estrella

que alumbras mis pensamientos,

como gotas de agua pura

limpiando mis sentimientos

Rocío de la mañana

Rocío niña morena

Rocío mi niña bella…

M º. Nieves

Módulo 10

Captura de pantalla 2014-11-11 a la(s) 12.24.56

Nos remontamos a la Granada de los años veinte del siglo pasado, concretamente al año 1923, fecha en la que la adinerada Sra. alemana Berta Wilhelmi Heimrich, consigue una licencia del ayuntamiento de la ciudad, y una concesión de terrenos públicos en la bella Sierra de la Alfaguara de Alfacar, para edificar un sanatorio en el que poder tratar a los muchos infectados por tuberculosis, evitando así que se contagiasen sus familiares. La labor fue aclamada y divulgada por toda la prensa de la época, y recibió donaciones de multitud de sociedades filantrópicas y de particulares como la reina Victoria Eugenia.

Médicos de gran prestigio como D. Alejandro Otero, impulsaron desde allí tratamientos pioneros para prevenir y tratar, la “Muerte Blanca“, un mal que no tenía cura efectiva, ni vacunas, en ese momento. Poco se podía hacer salvo darles una muerte digna. En 1925 se hizo en sus aledaños un preventorio para niños contagiados, que se inauguró con el nombre del fallecido hijo de Berta, Luís Dávila Heimrich, piloto militar de la base aérea de Armilla. Ese mismo año Berta reclutó a la misteriosa Sra. Elena Wickman.

El hospital contaba con 29 camas, pero en sus salones-solarium se habilitaron 22 más, para atender casos graves. Disponía de quirófano, salas de curas, duchas con agua caliente, capilla, comedores, crematorio, servicio postal, cementerio, y comodidades raras en su época. Todo funcionó hasta 1935, año que muere doña Berta, ahorcada, y según otras fuentes, de muerte natural. Pero antes de eso y ya desde 1934, tras sufrir el engaño fatal de su segundo marido (capataz de una fábrica de papel heredada por ella), todos sus allegados cuentan que perdió la razón, y que se rodeó de videntes, espiritistas, y gentes de dudosa condición, hasta aprender oscuras artes y morir maldiciendo a todos. Su antigua amiga Elena Wickman, se hizo cargo del hospital hasta 1936, año en que fue ocupado por las tropas nacionales, que lo usaron como acuartelamiento y hospital.

En 1939 doña Elena retomó aquel centro que reabrió para su uso tradicional y funcionó hasta 1955, fecha en que se cierra por falta de pacientes, dado que al aparecer la valiosa estreptomicina y otros fármacos revolucionarios, el número de contagiados disminuyó drásticamente y ya no era rentable mantener abiertas sus puertas

Antes, en 1952, la prensa local se hace eco de un asunto muy misterioso, que sigue sin esclarecerse, a pesar de lo mucho que se investigó. Los pacientes repetían que sombras fantasmales, ruidos sin explicación, un alarmante aumento del número de suicidios, y un ambiente poco amistoso, se adueñó de las instalaciones. Incluso desapareció un guardés, y un paciente, que se dio por fugado, pero estaba en condiciones de postración. En 1958, la orden jesuita lo alquila como residencia de verano y retiro espiritual hasta 1960, que se van por multitud de fenómenos “diabólicos” según sus palabras. Desde 1961 a 1974, pasa por varios arrendatarios, pero ninguno duró allí mucho tiempo, hasta que de 1975 a 1982, el ayuntamiento de Granada hizo una colonia de verano para campistas y scouts.

En 1983 se cierra definitivamente y actualmente se conservan apenas ruinas.

En 1986 un guarda forestal se suicidó en los cipreses que dan entrada al recinto, dejando una nota escueta: “Ya no soporto los gritos, ni la imagen de los que aquí murieron”. Desde 1993, se reportan gritos fantasmales, fotografías donde se cuelan seres inanimados, y experiencias de vehículos aparcados que aparecen en sentido opuesto al que se les dejó, además de numerosos fenómenos extraños y psicofonías. Se habla de los espíritus del sacerdote, de las alemanas, de niños, e incluso de la silueta de perros. Han desaparecido un montañero y dos senderistas en esa zona, los pinos han muerto por hongos y no se escuchan ni los pájaros. Sin duda es un lugar sin paz, todo un portal a lo desconocido.

Juan J. Simón García

M-13

A ti mujer – Por Mª Nieves

Publicado: 15 noviembre, 2014 en Mª Nieves
Etiquetas:,

Captura de pantalla 2014-11-15 a las 20.48.38

Todo eso y mucho más…”

Ser mujer que gran orgullo,

¡ qué enorme privilegió ser mujer !,

creadora de vida,

en nuestro vientre germina la semilla del amor;

nos llaman el sexo débil,

pero nosotras parimos.

Mujer soy ,

madre, hija hermana, amiga,

compañera, esposa y amante.

Todo eso y mucho más.

Tan fuerte y dura como una roca,

a la hora de luchar,

tierna, dulce, cual caricia

en el momento de amar.

Trabajadora incansable, en mis manos soporto

el peso de una familia,

los hijos, la casa, el trabajo,

sin lamentarme jamás.

Todo eso y mucho más.

Tantas veces maltratada, marginada, por la sociedad,

por algunos que se dicen hombres,

cobardes son y nada más,

que utilizan el maltrato para tapar sus complejos.

Todo eso y mucho más.

A ti maltratador me dirijo, y te digo una vez más:

¿Olvidaste que tu madre mujer es?

¿que cuando maltratas a otras,

a ella maltratas también?

Una mujer te dio la vida y tú se la quieres quitar.

Desde el fondo de mi alma yo te grito “ ¡ basta ya ¡ ”.

La mujer quiere ser amada

por un hombre de verdad,

que la cuide, la respete, le de apoyo

y la trate como a su igual;

No soy propiedad de nadie,

tengo plena libertad,

tengo todos mis derechos como un ciudadano más.

Nunca permitas, nunca,

que te quieran maltratar

Levanta tu voz con fuerza,

que se escuche tu verdad,

que con tus gritos reaccione

esta ciega y sorda humanidad,

que pongamos por fin freno a tanta brutalidad,

a tanta desigualdad.

Ser mujer me da la fuerza, la energía la razón,

para seguir luchando, y al mismo tiempo dar amor.

Soy mujer, que gran orgullo,

siento dentro de mi corazón.

Todo eso y mucho más…

Mª. Nieves

Módulo 10.

Pepe – Por Juan Chirveches

Publicado: 11 noviembre, 2014 en Juan Chirveches
Etiquetas:

Captura de pantalla 2014-11-11 a la(s) 12.18.31

Todos los días del mundo, incluso domingos y festivos, mi amigo Pepe se despierta justo antes del amanecer, se despereza, se estira con unos movimientos tan deleitosos como maleducados –lo cual le trae sin cuidado porque nunca ha atendido a normas sociales, a más de que vive solo-, y ya está el diamante de le estrella de la mañana sobre su cabeza, porque Pepe tiene la costumbre de dormir no ya con las ventanas, sino podría decirse que con las paredes abiertas de par en par a la noche.

Después, lo primero que hace es beber agua que le desatasque el gaznate donde se le enganchan las pesadillas que muchas noches padece, pesadillas de leones que lo despedazan; leones que él conoció hace mucho, de pequeño, un día que se escabulló por el roto de la carpa de un circo y los vio con sus bocas enormes como de buzón de correos pero mucho, muchísimo más grandes, terribles y amenazantes. Todavía, este, su recuerdo eriza involuntariamente su vello. Luego, sale a la calle y echa a andar sin rumbo por el teatro de la vida mientras el telón de fondo del cielo va cambiando de negro a gris y de gris a celeste.

Pepe no tiene obligaciones. Se quedó sin trabajo cuando murió el empresario que lo tenía empleado. El empresario ya era amigo de su padre, y al nacer Pepe, lo acogió como a un miembro más de la familia; se puede decir que lo crió él, y, con los años, le dio un puesto en su empresa. Pero cuando faltó el empresario, la viuda, que siempre había estado como celosa de Pepe y además le tenía manía, fue y le echó de su casa y de su empresa por la que habría dado su vida sin dudarlo. Ahora hace alguna chapuza, va aquí y allá, se va defendiendo, va tirando.

Le gusta mucho ir al Paseo del Salón. Y le gusta tanto porque anda enamoriscado de una hembrita que va a menudo por allí, acompañando a una mujer mayor (“será su abuela”, piensa) que no la deja ni un momento. A veces, se le acerca furtivamente y como de soslayo intenta decirle algunas cosas antes de que la abuela se dé cuenta y ponga el grito en el cielo.

Pepe sabe que su chica se llama Lali. Sabe que su chica se llama así, no porque ella se lo haya dicho sino porque la abuela se pasa todo el rato: Lali no seas traviesa, Lali no te alejes, Lali que no se te acerque ése, qué revoltosa estás hoy Lali… y ella le mira con cierta tristeza, y se nota perfectamente que Lali sueña con libertades imposibles, con pasear al lado de Pepe por la ribera del Genil, con hacerse zalamerías bajo el tronco de algún árbol.

Lo que más le gusta a Pepe de Lali es cómo huele; so olor natural. Nada de química ni de productos: olor a mujer que espera, olor a tierra en barbecho, olor a nube, a raíces, a márgenes de río, a cabellos sueltos, a hojas frescas. Olor a hembra en primavera.

Yo me encontraba con él muchas veces junto al quiosco de la música, mirándola de lejos, observando, pensando, planeando estrategias de acercamiento…

Una de esas tardes bajaba por el Paseo de los Basilios cuando la vio al otro lado del río y de los jardines. Le llegó nítidamente su olor a hembra en abril. Pepe torció a la derecha; atravesó el puente de las Brujas; camino cada vez más deprisa; pasó, corriendo ya, la terraza de Las Titas. Ciego de amor y de deseo cruzó la calzada sin mirar, y toda la gente que había alrededor oyó un topetazo seco y tremendo.

Pepe quedó esturreado por el asfalto. Allí tirado, agitaba sus cuatro patas con movimientos circulares y compulsivos, como llamando a alguien que nunca acudiría. Emitió un débil ladrido y murió.

Unos amigos me juraron que, aquella tarde, vieron como a la perrita Lali le resbalaban las lágrimas a ambos lados del hocico.

Juan Chirveches

Maestro U.E.  Concepción Arenal